sábado, 19 de abril de 2014

Los niños de Hamelin


En la actualidad las desapariciones de niños son habituales y las noticias sobre dichos sucesos se cuentan entre las más terribles, junto con guerras, hambrunas y catástrofes diversas. Las redes de tráfico de órganos, de trata de blancas y demás organizaciones delictivas que utilizan a niños para cubrir las demandas, no son un cuento de hadas, sino que son reales y forman parte del lado oscuro de la especie humana. Pero, como muchos podrán imaginar, no se trata de algo nuevo. Las leyendas sobre niños secuestrados se remontan a épocas anteriores a la nuestra y son muy abundantes. Tan numerosas que resultan alarmantes. Ya sean flautistas, el hombre del saco, o seres mitológicos los culpables, el rapto de bebés, niños y jóvenes ha sido una constante a lo largo de toda nuestra historia.

Y quizás uno de los acontecimientos más tristes tuvo como protagonistas a los niños de una ciudad de la Baja Sajonia, en Alemania. Los hijos de los habitantes de Hameln.
La conmoción que sufrieron sus padres fue tal, que comenzaron a contar todos los días transcurridos desde aquel fatídico 22 de Junio de 1284, en que sus hijos fueron secuestrados.
Los hermanos Grimm refieren en su leyenda, que en el ayuntamiento había una inscripción que rezaba lo siguiente:

En el año de 1284 del nacimiento de Cristo fueron raptados en esta ciudad de Hamelin 130 niños en ella nacidos, perdidos en el monte, por culpa de un flautista.

La historia es conocida por todos. En resumen, trata sobre un misterioso recién llegado con un vistoso traje de colores, que promete librar a Hamln de una plaga de ratas. Gracias a una flauta mágica, conduce a los roedores hasta el río Weser, donde se ahogan. Los habitantes no quieren pagar al flautista por sus servicios y este, furioso, utiliza su flauta para hipnotizar a todos los niños del lugar y así llevárselos con él.
Desde entonces, nadie los vuelve a ver y el pánico se apodera de la ciudad.

Pero esta es la versión más reciente de la historia luego, ¿qué dicen las versiones anteriores?
Para empezar no se había producido ninguna plaga de ratas en la ciudad. Esto se añadió a la historia en torno al siglo XVI. De manera que si no hubo ratas, la existencia del flautista, carece de fundamento también.

Algunos historiadores han asumido que en realidad la leyenda habla sobre una emigración masiva de jóvenes, cuya intención era colonizar otras zonas hacia el Este de la Baja Sajonia. Otros, hablan sobre una peregrinación, o sobre la participación de los mismos en alguna guerra. Pese a tratarse de teorías muy elegantes, hay cosas que no encajan. Porque, de ser así, no es fácil comprender el porqué de un trauma como el que refleja la leyenda. Estas acciones no eran algo extraño, nadie habría hablado del asunto ni se habría formado tanto revuelo como para dejar constancia escrita de los hechos. De manera que lo mejor será regresar a la hipótesis de partida. No eran jóvenes. Eran solo niños. A la sazón, menores de quince años (pues a esta edad ya podían ejercer todas las actividades propias de la vida adulta sin restricciones de ningún tipo).

Tampoco resulta plausible que los padres de 130 niños no advirtieran la marcha de los mismos al mismo tiempo. ¿Alguien se imagina perdiendo de vista a una hilera de más de un centenar de niños, caminando por la calle?
Entonces solo quedan dos opciones posibles a la inactividad de los padres. La primera, que una catástrofe se llevara a todos esos niños por delante. La segunda, que alguien se los llevara de forma intermitente, pero continuada, durante un plazo de tiempo considerable.

De estas, la primera es la que resulta más creíble, pues los desastres naturales eran muy comunes. Más aún en una ciudad atravesada por un río.
Pero ¿cómo se explica que un fenómeno como este acabara convirtiéndose en un secuestro masivo? Los relatos sobre catástrofes naturales se perpetúan siempre con increíble facilidad entre generaciones. ¿Qué hay de la erupción del Vesubio del 79 d.C.? ¿Y la destrucción del Coloso de Rodas, o el Faro de Alejandría a cusa de movimientos sísmicos?

Otra teoría habla de la enfermedad. Una especie de peste que se llevó por delante la vida de cientos de personas. El problema es que la verdadera pandemia de peste, no se dio hasta 1348 aproximadamente.
Si no era peste, también pudo ser otra clase de enfermedad transmitida por animales, como las garrapatas. Recordemos que en esta época la falta de higiene era notable. Pero, una vez más, no explica el por qué solo se habla del ataque a niños. Si se hubiera tratado de una enfermedad, habrían caído también muchos adultos.
Todo parece indicar que existió en torno a estas fechas, una organización criminal dedicada al rapto de niños y posiblemente a su venta como trabajadores forzosos o mercancía sexual. En esta época aún no había llegado la gran hambruna, ni la pandemia de peste, pero si se registró el nacimiento de grupos delictivos que en algunos casos se han perpetuado hasta la actualidad.

Ya sabemos que el río Weser atravesaba la ciudad, lo que les habría brindado una vía de transporte rápida hacia otras ciudades cercanas.
Sea como fuere, el acontecimiento transcendió y se perpetuó hasta nuestros días, de forma que incluso en la calle llamada La Silenciosa, aún hoy, no se tocan instrumentos ni se celebran bailes.


130 infantes. ¿Muchos, verdad? Pues en pleno siglo XXI, desaparecen más de 200 mil niños al año. Parece que la era de las comunicaciones ha traído consigo otra plaga de ratas. Solo que estas, por desgracia, son humanas.

2 comentarios:

  1. Me ha gustado mucho la entrada, me parece muy interesante. Conocía esta historia y había escuchado diferentes puntos de vista, pero quizá porque tiendo a pensar siempre lo peor me quedo con la última que dices, de la organización criminal.

    Y la reflexión final me parece perfecta. Es muy triste ver todas las cosas que pasan, y cómo parece que por mucho que evolucionemos el ser humano no cambia ni aprende.

    Iré mirando otras entradas conforme tenga tiempo, porque de verdad que me parece super interesante sobre lo que escribes.

    ¡Un saludo!

    ResponderEliminar
  2. Gracias María! Hacía tiempo que no recibía ningún comentario. Así me entran más ganas de escribir :)

    ResponderEliminar