domingo, 6 de abril de 2014

Medea


Existen pocos personajes mitológicos tan conocidos y al mismo tiempo, tan misteriosos como Medea.
Su figura fue demonizada por los cristianos y se la presentó como una mujer despiadada, manipuladora e insensible, con  tendencias propias  de una «psicokiller».  Pero ¿qué es lo que sabemos sobre ella realmente?
Las lagunas sobre su origen se remontan a su propio nacimiento, siendo diversas las teorías manejadas por los estudiosos del tema.
Sobre su padre hay pocas dudas — lo que no es poco, si tenemos en cuenta el historial de casi todos los protagonistas de las historias griegas— y las fuentes concuerdan en que Medea era hija del rey de la Cólquide, Eetes.
Eso la convertiría en nieta del titán Helio (el sol) y de Circe. Su abuela aparece como su tía en otros textos, pero esta es la opinión más extendida.
Resultaría más creíble que fuera al revés, puesto que Circe mantuvo una relación con Ulises, famoso héroe de la Guerra de Troya, que era joven cuando el Rey Príamo, contemporáneo de Jasón, era ya un anciano.

Sin embargo, haremos una excepción y diremos que la abuela de Medea se conservó muy dignamente con el paso de los años — ventajas de ser una bruja, supongo—.
Pues bien, en lo que respecta a la madre de Medea, unos dicen que fue la oceánide Idía y otros que fue la mismísima diosa Hécate. Lo más razonable es pensar que la hechicera se hubiera convertido en una sacerdotisa al servicio de Hécate.
Técnicamente Medea no era una bruja propiamente dicha. En griego se hace referencia a su condición con la palabra farmakis, cuyo significado es algo así como “preparadora de ungüentos”. 
Ya sabemos por el mito que no utilizó ninguna otra arte mágica mientras se desarrollaba la historia. Todas sus proezas las realizó con pociones. Pero ¡ay, que pociones!
Con ellas ayudó a Jasón a superar todas las pruebas impuestas por Eetes, quien a todas luces deseaba ver al navegante con un « bonito bronceado».
Sinceramente, sin Medea, nuestro famoso argonauta no habría salido con vida de la Cólquide. Y menos aún con el vellocino.
Pero todas las historias tienen su lado oscuro, y Jasón, en años posteriores se mostró terriblemente desagradecido.
Medea no había tenido una vida fácil en lo que respecta al terreno masculino.  Ella era más compasiva que su padre y su hermano, quienes deseaban acabar con «todo bicho viviente» que se acercara a sus dominios. Por esa razón fue encerrada por su padre. Pero Medea era mucha Medea y logró escapar, uniendo su destino al de Jasón.
Mató a su hermano para que su padre se entretuviera recogiendo los restos, momento que aprovechó para huir con los argonautas. Tras casarse con el príncipe de Yolcos, intentó allanar el terreno para que su marido llegara a rey, pero finalmente fueron expulsados por el asesinato de Pelias y tuvieron que huir a Corinto.
Allí pasaron diez años y Jasón, impaciente, se cansó de ser un segundón. No le bastaba con tener una mujer como Medea a su lado y dos niños preciosos. No. Jasón era un hombre ambicioso. Decidió repudiar a Medea y casarse con la princesa Creusa, hija de Creonte, rey de Corinto. Y esto una mujer tan orgullosa y pasional como Medea no lo pudo soportar. Ella había ayudado a Jasón de todas las maneras posibles y después de diez años de matrimonio, su marido le daba la espalda.
Con una de sus pócimas, envenenó un vestido y se lo envió a Creusa como regalo de bodas. Creusa pasó a mejor vida y Medea fue desterrada.
He aquí que se produjo un episodio brutal, según Eurípides, que convirtió a Medea en una psicokiller en toda regla. Medea, llegado este punto, decidió cambiar de vida. Acabar con todo aquello que la unía a Jasón. La madre, desairada, mató a sus propios hijos como venganza.
En cuanto a su marido, parece ser que falleció cuando el mástil de su barco «cayó» inexplicablemente sobre él mientras echaba una inocente siestecilla en cubierta.
Cosas que pasan.
Tras estos acontecimientos, Medea huyó a Atenas y se casó con el rey Egeo (quien, al parecer, la había convencido previamente de que matara a sus vástagos si deseaba casarse con él). Pero a la llegada de Teseo, hijo de Egeo, esta intentó deshacerse de él y fue desterrada de nuevo.
Su historia, no obstante, no tuvo un mal final. Se llevó a su hijo Medo con ella de regreso a la Cólquide, y allí se libró de Perses, que había destronado a Eetes cuando ella se marchó.
Gracias a este último acto, nuestra hechicera se convirtió en reina de la Cólquide.
Esto es lo que yo llamo una «carrera meteórica», sí señor. Sangrienta, pero meteórica.

Para que luego digan que todo tiempo pasado fue mejor…

2 comentarios:

  1. Madre mía... se nota que te encanta la mitología griega. Y menuda era la tal Medea!! Me he liado un poco con los nombres, pero ha sido interesante.

    Suerte con el blog! Un besito!

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    1. Holaa! Pues sí, soy una friki sin remedio. Y lo que me queda...siento que te hayas liado con los nombres, lo tendré en cuenta para las próximas entradas. Esta entrada la escribí pensando que quien la encontrase ya conocería el mito, pero creo que debería explicar mejor las cosas. Muchas gracias por el comentario! bss

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