domingo, 18 de mayo de 2014

ESPECIAL: Merlín y Morgana


¿Eran amigos o enemigos? ¿De verdad se conocieron? ¿Eran de edades similares o estaban muy alejados generacionalmente? ¿Vivieron en la misma época o en épocas distintas?
Sea como fuere, el destino quiso que estas dos figuras quedaran irremediablemente unidas en las historias del Ciclo Pendragón.
 La gente está al corriente de los rumores y los acontecimientos más sonados sobre la relación de estos dos personajes con el Rey Arturo y el devenir de Inglaterra, por lo que me centraré en los episodios más relevantes de la vida del mago Merlín y del hada Morgana.
Se puede decir que, tal y como ocurre con  otros individuos que vivieron en los inicios de la Edad Media, su existencia se asienta en una fina línea que discurre entre la leyenda y la realidad.
Y fue más o menos en torno a la caída del Imperio Romano (siglo V d.C.) cuando el desastre asoló la campiña inglesa.

El cristianismo no había superado aún todas las barreras religiosas del continente, y Albión no escapó a esta inestable situación. Las religiones paganas o  mejor dicho, la llamada Antigua Tradición, aún luchaba por abrirse camino entre las gentes de los pueblos. El desplome del orden establecido trajo consigo guerras, dudas y miseria para muchos. Y como ocurre siempre en épocas de crisis, la población busca soluciones de tipo místico a sus problemas. La superstición y la magia fueron rescatadas y utilizadas de nuevo como la vía más rápida para la salvación. 
En esta época turbulenta nació Merlín. Y sobre su origen, existen multitud de versiones. En principio, se dice que su madre era una joven pura y casta, pero en lo que respecta a su padre, todo son conjeturas. Unos decían que era hijo de un demonio, otros, que era el bastardo de un rey de Britania o que incluso, que su madre dio a luz a su bebé sin intervención masculina. No es difícil adivinar quién les dio esa idea. Buscaban un mesías pagano. Un Jesucristo de la Antigua Tradición. Un hombre capaz de llevar a cabo, mediante magia, curaciones milagrosas y hazañas casi bíblicas. Un digno oponente para la figura más importante del cristianismo.

La leyenda dice que Satán lo creó precisamente con este fin, pero dándose cuenta un sacerdote con el que la madre de Merlín se confesaba diariamente de las intenciones del Maligno, este decidió bautizar al recién nacido de forma que la voluntad demoniaca quedara erradicada.
El niño, por tanto, mantuvo sus poderes pero ya no constituía una amenaza para la religión cristiana.
Su primera hazaña: lograr la absolución total de su madre en un juicio, pues fue acusada de haber mantenido trato carnal con un súcubo. Y es que el pequeño Merlín, de solo unos días de edad, habló de tal manera que dejó anonadados a los allí presentes con sus argumentos— y por qué no decirlo, por el simple hecho de que pudiera hablar tan prematuramente y sin un solo diente en la boca—.
En la época adulta, su fama lo precedía. Los astrólogos estaban al corriente de sus habilidades. Entre ellas, una muy cotizada en una época plagada de conflictos bélicos: el don de la profecía.

Celosos de sus poderes adivinatorios— pues no olvidemos que la mayoría de estos astrólogos eran unos auténticos cantamañanas y se ganaban la vida de forma poco honrada—, corrieron la voz de que el castillo que “su majestad” el usurpador Vortigern intentaba construir (y que parecía tener la manía de derrumbarse a cada instante) solo se mantendría en pie si se derramaba sobre sus bloques la sangre de un hombre que no tuviera padre mortal.
 Todo indica, no obstante, que a nuestros adivinos les salió «el tiro por la culata» y Merlín salió indemne de la situación tras el episodio de la lucha entre un dragón blanco y otro rojo, que casi todo el mundo conoce.
A partir de entonces, se convirtió en el consejero de los reyes o caudillos britanos; pero fue con el rey Arturo con quien su historia comienza a retorcerse y a confundirse entre intrigas palaciegas y culebrones propios de la prensa rosa.
De modo que pasaremos a otro aspecto poco conocido sobre la personalidad de Merlín.
Nuestro mago no solo era ducho en las artes mágicas, sino que también era un gran arquitecto. Se le atribuyen obras desde Stonehenge hasta el palacio de Uther Pendragon y el castillo de Camelot. De estos tres, lo mejor será quedarnos solamente con los dos últimos, ya que Stonehenge  pertenece aproximadamente a finales del neolítico y ni el propio Merlín admitiría ser tan viejo.
También aplicó sus capacidades constructivas a la creación de objetos mágicos (una armadura para Arturo que resultaba impenetrable, una copa que revelaba el carácter de quien bebía de ella, y un espejo— que a muchos les recordará al de Oesed, de la saga Harry Potter— capaz de mostrar en su reflejo la imagen de aquello que se deseaba ver.)
Otra faceta interesante de su carácter, fue la que lo arrastró a su perdición. 
Merlín estaba profundamente enamorado de Vivián, la Dama del Lago. Y parece que su relación fue como la seda hasta que los años comenzaron a cebarse con nuestro protagonista. Cansada Vivían de su anciano amante y maestro, una vez estuvo segura de que él ya le había contado todos sus secretos, lo dejó encerrado en un árbol de espinos por el resto de la eternidad. Otra versión sostiene que movida por su amor, lo escondió en un palacio bajo tierra donde solo ella podía visitarlo. Lo cierto es, que como buen mago que era, desaparecer de la noche a la mañana no debió ser una tarea complicada. Su inicio y su fin son un misterio y solo queda su leyenda.

Habréis notado—y muy acertadamente—, que Morgana no estuvo tan relacionada con Merlín como suponíamos al principio y que en las primeras historias sobre ciclo Pendragón apenas aparece. La historia sobre la incestuosa relación del hada Morgana con su hermano el rey Arturo es uno de los rumores más famosos. Rumor que se extendió a partir de las historias posteriores a la de Geoffrey de Monmouth, que fue en teoría el primero en mencionarla y quien jamás insinuó que ella y el rey fueran parientes. Y menos aún que Morgana fuera malvada, sino todo lo contrario. Como ocurrió con Medea y otras muchas mujeres hechiceras con cierta relevancia, los cristianos no dudaron en demonizarla hasta el extremo en cuanto se les presentó la ocasión.
Pero existen otras versiones menos conocidas sobre nuestra hada. La más interesante nos lleva hasta la lejana Persia, la cuna de los grandes magos. Su verdadero nombre era Mergian-Banou y aparece con asiduidad en los romances orientales.
Mergian pertenecía a la raza de los Peris, gigantes o demonios de la hermosa especie.
Sus enemigos, los Dives, comandados por Demrusch, realizaron una incursión en sus dominios y la raptaron cuando era joven. El líder de los Dives solicitó sus favores, pero ella lo despreció. Preso de la ira, la maltrató y la dejó encerrada en las cavernas del monte Caf.
La desdichada prisionera fue liberada por otro guerrero, Thathamurat, a quien ella misma instó a participar en otra guerra con desastrosos resultados.
Desolada por lo ocurrido, Mergian-Banou Peri abandonó Persia y se retiró a Europa, donde se granjeó una gran fama bajo el nombre de Hada Mergiana o Morgiana.
Retomando como continuación los relatos de Geoffrey de Monmouth, Morgana recibió sus conocimientos presuntamente de Merlín y con el tiempo se convirtió en la líder de un grupo de sacerdotisas que vivían en la Isla de Avalon. Diestra en el arte de la curación, la transformación y el vuelo, se dice que logró sanar a Arturo, quien la convirtió en su amante.

Como colofón a este breve recorrido, un poco de Historia:

Fue tal la fama que alcanzaron estos personajes, que el propio Felipe II al contraer matrimonio con María Tudor, tuvo que firmar una cláusula que establecía que en caso de regreso del rey Arturo, debía renunciar a la corona de Inglaterra.

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