viernes, 7 de noviembre de 2014

La Bestia de Gévaudan (Segunda Parte)


 Ciertos rumores de la época acusaban a uno de los hijos de Jean Chastel, Antoine, como el verdadero instigador de la Bestia. Decían que vivía en una cueva, en el bosque, apartado del resto de la gente y rodeado de animales salvajes. Algunos llegaron a considerarlo un brujo.
Cuando Jean Chastel, en compañía de sus dos hijos, mantuvo una extraña disputa en Montchauvet con los guardabosques, Pelissier y Lachenay, los Chastel fueron encarcelados. El propio arcabucero del rey dijo textualmente «No los dejes salir más que cuatro días después de nuestra salida de esta provincia» y se constató que los ataques de la Bestia, mientras los Chastel estaban presos, disminuyeron.

También resulta interesante el hecho de que antes de que Chastel matara a la Bestia, una amiga íntima de este muriera atacada por el animal. Este acontecimiento pudo propiciar un cambio de actitud y la decisión de eliminar a la Bestia definitivamente.

LAS POSIBLES EXPLICACIONES
A parte de aquella que habla de un lobo de gran tamaño o cruces entre perro y lobo, existen otras más sorprendentes, que me gustaría comentar en esta segunda parte.
Por un lado, la teoría del licántropo, algo que se comentó entre los lugareños, pero que no ha recibido suficiente atención por parte de los investigadores.
Aunque muchos han desechado esta posibilidad utilizando un argumento tan arbitrario como «los licántropos no existen», considero que esta posición es incorrecta. Como posibilidad hay que tomarla en cuenta, contrastarla con los datos conocidos, y descartarla si los resultados no la avalan. Por lo tanto hay dos opciones o caminos para encarar esta peculiar teoría. Por un lado, la vertiente mitológica, y por otro la vertiente biológica o médica. 

De la primera vertiente, y según numerosas leyendas extendidas prácticamente por todo el mundo, los licántropos pueden adquirir la forma de un lobo por espacio de unas horas. Según el cronista medieval Gervase de Tilburi, esto ocurre durante las fases de luna llena —aunque esto nunca fue asociado al comportamiento de los hombres lobo, dicha periodicidad permite contrastar esta teoría con los datos— Si un licántropo hubiera perpetrado los ataques, éstos habrían aumentado de intensidad durante dichas fases lunares, y no en cualquier momento del año.  Por lo que contrastando las fechas de los ataques, con el calendario lunar correspondiente, se puede llegar  a la conclusión de que no hay una correlación entre los asesinatos y las fases de luna llena.
La teoría del licántropo mitológico no se sostiene y debe ser descartada (para el alivio de  numerosos investigadores).

La segunda vertiente, la de tipo médico, podría encuadrarse perfectamente en el grupo de los posibles asesinos oportunistas o de un asesino en serie, que analizaré más adelante. Pero por sus puntos en común con este apartado, creo que es preferible explicar aquí la enfermedad de la licantropía y sus consecuencias.
La licantropía clínica es una rara afección psiquiátrica, en la que el paciente está convencido  puede transformarse en un animal. La enfermedad es más conocida como «Teriantropía» y el tipo de bestia en la que se transforma el afectado, varía dependiendo de la educación que haya recibido (el animal es diferente dependiendo de la cultura local).
Sin embargo gracias a la información recopilada, se puede afirmar que en algunas ocasiones, fue un animal el que atacó a las víctimas, mientras que la intervención humana es más bien oportunista, y se da antes de la intervención animal, la cual parece ser que en ciertos momentos se dio postmortem.

Otra explicación, menos ortodoxa, es el tráfico de animales exóticos.
Antoine Chastel, había pasado un tiempo en el norte de África, y se dice que tenía buena mano con los animales, por lo que podría tratarse en realidad de un traficante. En ese caso pudo haberse llevado con él leones, tigres o hienas. La pregunta es ¿había algún comprador potencial en la región? Algunas informaciones apuntan a que existía en el Gevaudan, un noble que criaba leones y tigres en los jardines de su palacio, y cabe la posibilidad de que no fuera el único.
Los tres depredadores que más parecido guardan con la bestia, en sus actitudes de caza, la iconografía y características físicas, son el león, el tigre, y la hiena. Existe también la posibilidad de que se tratara de un animal procedente de las américas, como el puma.
Pero las imágenes de la Bestia no terminan de casar con ninguno de los animales descritos, por lo que parece ser que no hubo una sola Bestia, sino varias. Los ataques se llevaron a cabo en ocasiones a distancias imposibles de cubrir por el mismo espécimen, por lo que es probable que la persona que hizo el dibujo, recibiera información de distintos depredadores y unificó los elementos más característicos de los mismos en el mismo dibujo. Esto era algo muy común en la antigüedad, (ej. quimeras o esfinges) por lo que no resulta descabellado.

CONCLUSIÓN
Tanto si el deseo de los verdaderos culpables era provocar una revolución, como si no, está claro que las bases de la revolución francesa se fueron asentando a lo largo del reinado de Luis XV, donde todos los sucesos anteriormente mencionados fueron acumulándose, ejerciendo cada vez más presión sobre la población.
Las redes criminales y de distintas clases de tráfico, eran fuertes y estaban muy bien organizadas, y sus conexiones se pueden atestiguar incluso a nivel internacional.
Los círculos eclesiásticos, ante la nueva corriente ilustrada, se sintieron amenazados y aprovecharon la ocasión para atraerse a los campesinos en la medida de lo posible, aprovechándose de los asesinatos. La gente rural era más fácil de manipular que la gente de la ciudad.
Los asesinos oportunistas, a quienes en otras circunstancias no les habría sido posible llevar a cabo sus actos, se sirvieron del caos y la histeria reinantes para dar rienda suelta a sus deseos más siniestros.
La participación de las familias nobles de la zona, parece clara, hasta cierto punto, con distintos niveles de implicación, siendo la familia Chastel y la de los Morangiès, las que gozaron de mayor protagonismo.
Tanto si las ambiciones albergadas por los implicados eran de tipo económico, político, o personal, parece ser, que tal y como dijo Cervantes, “pocas o ninguna vez se cumple con la ambición que no sea con daño de tercero”, y eso fue exactamente lo que sucedió en la región del Gévaudan.

En cuanto a la Bestia o las Bestias, es preciso señalar que eran solo un cierto número de animales, utilizados como arma o instrumento para causar el terror. Las verdaderas bestias, eran humanas. 

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