viernes, 6 de febrero de 2015

Thunderbird y los Pterodáctilos de la Actualidad



Hoy en día cuesta creer en la existencia de animales de gran envergadura que aún no hayan sido descubiertos por la ciencia.
Cuando se habla de criptozoólogos, mucha gente se imagina que solo se encargan de buscar pistas de la existencia de Bigfoots, Yetis, monstruos lacustres, o incluso seres peludos o escamosos, dientes afilados y rasgos deformes. Muy pocas personas de a pie saben si quiera lo que es la Criptozoología, y otras la tildan de disciplina pseudocientífica (algo que, considerando los métodos utilizados en sus investigaciones, dista mucho de ser cierto). Animales como el celacanto, el Okapi o el calamar gigante habían permanecido parcialmente ocultos y aun así, resultaron ser reales.

Luchar contra la incredulidad es difícil. Cualquier vídeo es desacreditado por los escépticos en tiempo record y en este país, al igual que en otros muchos, ya sabemos de sobra que no existe la presunción de inocencia (para que luego digan de la Inquisición). Si cualquier individuo con cierto renombre abre la boca para echar por tierra el trabajo ajeno, lo que dice «es la palabra de Dios» y cualquiera que intente llevarle la contraria, corre el peligro de ser considerado un loco o un estúpido por todos aquellos que lo rodean.
De modo que si ya es difícil aceptar la existencia de animales desconocidos más grandes que un perro, hablar de criaturas depredadoras o miembros evolucionados de una especie de dinosaurio volador como el Pterodáctilo o el Pteranodonte, implica saltar al vacío sin paracaídas.
Sin embargo, y contra todo pronóstico, parece que hay algo de verdad en las historias que circulan por distintos medios de comunicación. Pruebas fotográficas, numerosos avistamientos, y piezas con imágenes sorprendentes.
Entre los testimonios más llamativos, podríamos destacar los siguientes, que aparecen en el libro Criptozoología al límite:
Armando Grimaldo, un granjero de Texas, se topó con un misterioso animal el 14 de Enero de 1976 a las diez y media de la noche. El suceso tuvo lugar cuando paseaba por el jardín de la casa de su suegra; pero no fue ella quien lo interceptó, sino  un extraño «pájaro» sin plumas. Dicha ave según palabras de Grimaldo, tenía garras y alas, ojos rojos y pellejo oscuro. Medía aproximadamente 1,80 metros de alto y alcanzaba los 4 de envergadura. El hombre evitó las repetidas intentonas del animal por atraparlo y logró refugiarse bajo un árbol.
Solo unos días después, no muy lejos de allí, en la localidad de Brownsville, otro granjero llamado Alverico Guajardo observó a la criatura a la luz de los faros de su coche. Parecía un murciélago con las alas plegadas, un pico de 80 cm y ojos rojos. Emitía un sonido gutural bastante siniestro.
El pájaro fue visto también por tres profesores de bachillerato, que lo identificaron como un Pteranodonte.
Años más tarde, en 1982, el técnico de ambulancias James Thompson tuvo ocasión de ver al animal, cuya piel parecía áspera, dura y oscura. Él dijo que se parecía a un Pterodáctilo.
Y son solo algunos ejemplos. Desde Perú hasta Rusia y desde Inglaterra a España, se registran casos similares a los mencionados. ¿Estamos realmente ante un dinosaurio que presuntamente se extinguió hace 150 millones de años? ¿O se trata de otro animal? ¿Quizás ese que llaman Thunderbird, o ave de Trueno?
En Puerto Rico han hablado de avistamientos de pájaros gigantes de forma bastante continuada. Sin embargo, existen diferencias entre estos testimonios y los anteriores con respecto a las características del pájaro en cuestión.
En esta ocasión dicha ave tenía plumas negras, cuello largo y grueso con dos anillas blancas. Su carácter era agresivo (una de ellas perpetró un ataque a un niño de diez años, Marlon Lowe, en Illinois) y medía unos dos metros y medio de envergadura.
Sin duda, el caso más sorprendente (o quizás debería decir exagerado) fue el presunto derribe de una de estas criaturas por parte de unos rancheros de Arizona. Decían que se asemejaban a un caimán con alas y una cola, y que medía la friolera de 28 metros de largo y 49 de envergadura. Casi nada…
Desde mi punto de vista, los testimonios más fiables son los primeros, ya que coinciden en muchos puntos y regiones. Pero ¿existen más pruebas de la existencia de estos dinosaurios? En cuanto a archivos visuales podríamos citar el programa Monster Quest, episodio 1x04 (El Pájaro de Trueno) y 3x15 (Monstruos Voladores).
No obstante, aún puedo citar otra fuente, poco conocida y que hasta donde yo sé, no ha sido relacionada como es debido con estos avistamientos. La pista está en el libro Civilizaciones Desaparecidas de Daniel Prades. Más concretamente en la sección que hace referencia a una presunta Civilización del Secundario. Esta idea vino motivada por el hallazgo de las piedras de Ocucaje o de Ica, en el desierto de Nazca (Perú). Actualmente se conocen unas once mil, pero los expertos creen que su número podría ascender a cuarenta mil unidades. Grabados sobre estas piedras, se pueden ver Pterosaurios y otras clases de dinosaurios extintos como el Triceratops (esta parte ya me resulta imposible de explicar). De modo que volviendo al tema que nos ocupa ¿Y si el Dr. Cabrera, ignorante de la posibilidad de que existieran criaturas de esta clase en la actualidad, hubiera achacado las imágenes a civilizaciones de épocas como el Secundario o el Terciario?
¿Hubo en Perú una  «reserva» donde pudieran haberse refugiado algunos supervivientes de la caída del meteorito que destruyó a los dinosaurios? ¿Una especie de «Valle Encantado» que ahora ya no existe? Es una teoría interesante, pero tan fantástica y poco rentable para la civilización moderna, que probablemente seguirá acumulando polvo. Al menos hasta que alguien capture algún ejemplar vivo y lo muestre al mundo (algo que tampoco me parece aceptable, teniendo en cuenta la cantidad de cazadores furtivos que hay y los pocos escrúpulos que tienen). Porque, por desgracia, esa sería la consecuencia final de las investigaciones. Si no se han extinguido, los humanos se encargarán de acabar con ellos (y si no, que se lo pregunten a los gorilas de Espalda Plateada, al Rinoceronte de Java o al Elefante asiático).
Dicho esto, parece que estos animales tienen costumbres migratorias y probablemente haya diferencias sustanciales de unos a otros. Quizás ni si quiera sean iguales a sus antecesores, sino que hayan evolucionado con el tiempo.
Pero esto, como ya sabéis, es solo una teoría. Algo que no deben tener muy claro algunas personas. Y si no os lo creéis, os invito a leer los comentarios de algunos individuos, que vieron una foto de Steven Spielberg posando junto a un modelo de Triceratops, y enseguida lo tildaron de cazador furtivo y pusieron el grito en el cielo por «acabar con nuestras reservas mejor cuidadas de dinosaurios».
Supongo que tendremos que sentirnos agradecidos por el hecho de que algunos ya estén practicando para cuando los Pterodáctilos se unan a la lista de animales redescubiertos por la ciencia.
Para terminar, me gustaría añadir este fragmento de la famosa película Jurassic Park:
 (...) Salvo por el aire, que fluye con libertad, todo lo que hay en este parque se hizo con el propósito de que permaneciera aislado. Nada entra, nada sale. Los animales que se exhiben aquí no deben mezclarse con los ecosistemas más grandes de la Tierra. Nunca han de escapar. (...) sencillamente no se puede conseguir.

No hay comentarios:

Publicar un comentario