martes, 19 de mayo de 2015

Filtros de Amor y otras pociones milagrosas


En el amor y en la guerra, todo vale.
Refrán  popular
Durante generaciones se han exaltado las cualidades del amor, como uno de los sentimientos más profundos y hermosos de la especie humana. El amor de tipo sexual y espiritual ha motivado grandes hazañas en las gestas, pero también pequeñas historias cotidianas que hacen más llevadera la existencia de miles de personas.

El intento de resultar más atractivos al sexo opuesto, al propio, o a ambos, se ha vuelto una necesidad social que raya la obsesión. En la actualidad contamos con paños de feromonas (sí, esas moléculas biológicas que permiten la conexión química entre animales de la misma especie o de especies distintas) los cuales provocan un resultado notable en la respuesta sexual; algunos afrodisiacos (ahora su venta está más controlada que en años anteriores) y multitud de complementos y «trampas» para mejorar el aspecto, entre ellas los realzaculos, las fajas adelgazantes, sujetadores con relleno, pestañas postizas, lentillas, maquillaje, tintes de cabello, joyas, colonia, zapatos de tacón etc. En resumen, una multitud de aditivos que podrían convertir a un orco de Mordor en una belleza.
Al margen de que la mayor parte de estas tácticas sean utilizadas por mujeres (los hombres suelen tener más interés en mantener su forma física, o simplemente en conseguir una posición económica deseable para potenciales parejas), todo se une para conformar una estrategia con fines muy claros. Obtener la atención y los favores de la persona deseada.
Apartando de esta entrada temas de los que se podrían llenar libros enteros (sobre el papel del amor en la cultura social, machismo, feminismo etc.) he decidido centrar mi atención en unos productos muy famosos que fueron utilizados asiduamente en otras épocas, con una gigantesca variación de resultados: los filtros de amor.
Algunos eran verdaderos brebajes afrodisiacos (que dependiendo de los conocimientos de la persona que los fabricaba podían tener mayor o menor efecto en aquellos que lo ingerían), pero la mayoría de esas pócimas habían sido elaboradas con ingredientes poco convencionales aparte de hierbas; tales como uñas humanas, cabellos, semen, testículos de ciertos animales, pequeños lagartos, huesos, pescado, intestinos etc. todo esto mezclado a veces con agua bendita o productos religiosos.
Con estas «recetas demoledoras» que bien podrían haber provocado pesadillas al jurado de Master Chef, no es de extrañar que más de uno acabara criando malvas en algún cementerio poco tiempo después de tragarse semejante cóctel molotov. Es en estos momentos donde la frase «llevarse a alguien al huerto» cobra un sentido bastante macabro.
Buena parte de los envenenamientos de esta época se produjeron a consecuencia de estos filtros de amor. Y de hecho eran precisamente las mujeres las más duchas en el uso de plantas, razón por la cual los hombres llegaron a temerlas. En la antigua Roma, había un compendio de conocimientos bastante extendidos sobre el uso de hierbas para tratar dolencias habituales y también de tipo ginecológico. En ocasiones, se recurría a los abortivos y al envenenamiento de la prole. Las relaciones familiares a veces eran muy incómodas, y si no que se lo pregunten a los Julio-Claudios (para más información de este asunto, recomiendo encarecidamente la serie de Yo, Claudio).
Sin embargo, y aunque cueste creerlo, no todos estos productos para potenciar el deseo sexual eran inservibles.
El Maro o teucrium marum (también conocida como tomillo de gato) es una de esas plantas que fueron muy utilizadas durante milenios y que a la sazón, posee un efecto afrodisiaco entre otros muchos.

El hinojo también es conocido por sus propiedades beneficiosas en lo tocante a la potencia sexual de ambos amantes. Antiguamente se utilizaba también para condimentar las comidas y como ventaja, cabe señalar el hecho de que era muy fácil de encontrar y no existía un peligro elevado en su uso. Similar a este es el perejil, del que se destacan propiedades similares.
La Yerba Mate (esta no se comercializó en Europa hasta épocas tardías) debido a su función de aliviar el estrés, permite el mejor funcionamiento de la secreción de testosterona.
La zarza morisca o Smilax aspera también fue utilizada de forma habitual con fines ya mencionados.
La menta también posee algunas propiedades cercanas al terreno afrodisiaco, pero al parecer no son tan evidentes.
En cuanto a otros ingredientes curiosos, como los testículos de diversos animales (o incluso de otros hombres, en cuyo caso mejor no indagar sobre cómo se hicieron con ellos), su efecto consistía en aumentar la producción de testosterona.
Fernando el Católico solía comerlos para mejorar la potencia sexual y todo indica que el método funcionaba bastante bien.
 Alimentos comunes con esta capacidad hay muchísimos y se pueden encontrar descritos en varias webs. De modo que si alguien está pensando en preparar alguna comida especial para reforzar el deseo sexual, no tiene por qué enredar con productos asquerosos, sino con elementos habituales en la gastronomía. En cuanto a los demás métodos, no hagáis nada sin el consentimiento de vuestro médico o farmacéutico. Hay muchos charlatanes dispuestos a lucrarse con presuntos filtros de amor que no han pasado ni una revisión de calidad alimenticia.
Entre otra serie de pócimas, destacan las utilizadas en los rituales religiosos. Con la finalidad de convencer a los fieles del verdadero poder de las castas sacerdotales, se les administraban narcóticos y bebidas especiales que «los purificaban» antes de entrar a los Templos y poder realizar sus consultas.


De hecho, cualquier brebaje con efectos psicoactivos era confundido con una pócima mágica. Las drogas de distintas clases eran muy utilizadas y no había prohibiciones tan estrictas en cuanto a su uso. Se aplicaban también como ungüentos en las zonas erógenas o más sensibles del cuerpo (esto se popularizó en torno a los siglos XV o XVI). No obstante, reconocer las propias plantas es una tarea complicada, incluso para los más expertos en la materia. No son pocos los casos de intoxicaciones producidas debido a fallos en la identificación de una planta. Algunos desencadenaron situaciones incómodas e incluso divertidas, pero otras veces trajeron consigo la muerte de uno o varios miembros de una familia, y verdaderos complots en la Corte.
Como caso anecdótico me gustaría hablar de lo ocurrido en un monasterio, cuando el hombre que se encargaba de recolectar el perejil confundió la planta con otra más potente, y la metió en la ensalada, de forma que a la mañana siguiente amanecieron todos como si estuvieran borrachos, y ni si quiera pudieron levantarse de la cama para cumplir con las labores pertinentes.
 





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