martes, 21 de julio de 2015

ESPECIAL Criaturas Acuáticas: Sirenas, Tritones y hombres pez


Ten cuidado con tus sueños: son la sirena de las almas. Ella canta. Nos llama. La seguimos y jamás retornamos.
Gustave Flaubert (1821-1880)
Nuestro conocimiento del océano es bastante limitado.  De hecho, solo hemos sido capaces de mapear el 5 % del mismo. A esto habría que sumarle, el escaso tercio de millón de especies marinas de las que hoy por hoy tenemos constancia. Dicho esto, está claro que aún existen muchos misterios en las aguas de nuestro planeta.
¿Qué se oculta en las profundidades? Es obvio que el terreno del que disponemos para la la especulación es amplio. Y en una sociedad donde tenemos mejores datos sobre la superficie lunar que sobre el contenido biológico de nuestro propio mar, las historias sobre criaturas míticas aún ocupan un lugar destacado.

No hace mucho se descubrió la existencia del Kraken, pesadilla de los antiguos capitanes de navío. Un animal que, hasta hace unos años solo estaba presente en las leyendas. Cierto es que se conocían algunas especies de calamares de gran tamaño, como el Architeutis Dux, ya que no era extraño encontrar los cadáveres de algunos ejemplares varados en las costas del globo. En el tercer episodio de la primera temporada de la serie documental MonsterQuest se trata el tema bastante a fondo para aquellos que sientan curiosidad.

Pero ¿qué podemos decir de criaturas más cercanas a los humanos? El exitoso documental de Animal Planet ofreció una fantástica dramatización sobre el presunto hallazgo de una sirena, cuyos restos fueron investigados por un grupo de científicos de la NOAA. El único dato real aportado por dicho documental fue un sonido conocido como «Bloop» que fue recogido por el SOSUS, sistema de monitoreo creado inicialmente como un método de vigilancia para detectar submarinos soviéticos. Se cree que el misterioso sonido pertenece a un animal (debido a su complejidad) pero no se conoce dicha especie y se han barajado orígenes más ortodoxos.
En cuanto a las sirenas, los tritones o los hombres-pez, así como las ninfas oceánides, las nereidas, las náyades o los ondinos y ondinas (más propios de ríos) se pueden encontrar numerosas historias tanto en la mitología  clásica, tratados antiguos y relatos de testigos en fechas más recientes. Tal y como ocurre con otros híbridos de humano y animal, a los que se les puede achacar una inteligencia avanzada y emociones profundas (con evidentes peculiaridades culturales), estos seres se han convertido en un santo grial dentro de la búsqueda de «primos acuáticos» de la especie humana. 
Como siempre, nuestro interés por conocer nuestro propio origen como especie, nos lleva a suponer la existencia de otras similares. Algunas malformaciones humanas causadas por la posición errónea de algún cromosoma (véase el caso de los niños-sirena que nacen con sus extremidades inferiores unidas) y características físicas de animales específicos, se han añadido durante generaciones a las creencias antiguas y han contribuido a perpetuar los relatos sobre criaturas acuáticas humanoides.
Desde las sirenas de la Odisea, que eran más parecidas a mujeres-pájaro que a mujeres-pez, a la sirena con el busto humano  o las hermosas ninfas, se pueden encontrar infinidad de leyendas y diferencias sustanciales.

El término «Sirena» procede del griego Σειρήν (se cree que deriva de la palabra Seira: cuerda, cadena o lazo) y que desde mi punto de vista, debido a su relación con Poseidón, también podría estar relacionada con otra variante: Seiw que significa agitar, sacudir, conmover o hacer temblar). Su nombre hace referencia directa a su voz, más que a su apariencia. En general la descripción del aspecto físico de las sirenas es más bien desagradable, igual que el de los tritones (el espécimen macho de su especie). Lejos de la extendida imagen de hermosura de estos seres, que es bastante moderna en términos históricos, la descripción aportada por los manuscritos antiguos y la mayor parte de las leyendas las presenta como criaturas poco agraciadas. De su voz, no obstante, se cuentan maravillas.
La versión más extendida sobre su origen es la siguiente: algunos autores clásicos refieren que nacieron de la unión de la musa Melpómene y del dios-río Aqueloo. Su aparición más celebre se recoge en La Odisea, que unida a otras tradiciones posteriores nos ayuda a reunir un conjunto de hasta nueve nombres de sirenas, entre ellos Teles, Redne, Telxíepia, Molpe, Parténope, Leucosia, Ligia, Pisínoe y Aglaope.  El nombre más antiguo lo podemos encontrar en un vaso custodiado por el Museo Británico: Himeropa.

No obstante, no siempre tuvieron una forma híbrida entre mujer y pájaro. Sobre su transformación se pueden encontrar referencias en diccionarios de mitología como el de Pierre Grimal.
Para aproximarnos al comportamiento y conducta de las sirenas, será necesario hacer un esfuerzo de imaginación. No se conocía su hábitat exacto; unos cuentan que vivían en una isla del mediterráneo, en Italia meridional, frente a la isla vecina de Sorrento. Otros, en cambio, hacen referencia a las islas de Caprea o a la boca del estrecho de Tesina. En cualquier caso la opinión es unánime en cuanto a su domino de la música, tan magnífico que eran capaces de atraer con sus cánticos a los barcos que pasaban por allí y hacerlos encallar para posteriormente, devorar a los marineros que naufragaban. No obstante, no actuaban de esta forma por capricho. Si bien existen explicaciones mitológicas al respecto, sus métodos no distan mucho de los de otras especies, y son habituales entre la fauna de nuestro planeta. En ese sentido se asemejan a otros animales que se valen de señuelos para cazar a sus presas. Entre ellos destacan el pez pescador, la mangosta africana, o las hembras de luciérnaga que atraen a machos de otras especies para devorarlos. Claro que el animal que más se sirve de trampas, señuelos, camuflaje y planificación de ataque es, sin lugar a dudas el ser humano, y excluirnos de esta lista resultaría un poco hipócrita. Por lo que esta costumbre de las sirenas no debería ser considerada como algo sorprendente, sino más bien como una estrategia adaptativa de lo más corriente. Por no mencionar que su actitud también está asociada a la protección del territorio y a la competencia por los bancos de pesca (los barcos podían ser interpretados como una amenaza desde múltiples perspectivas).

Aun así se observan diferencias de comportamiento entre las sirenas de unas regiones y otras del globo, lo que además podría traducirse en una diferencia no solo evolutiva, sino probablemente cultural. En este punto, ya no hablamos tanto de sirenas como de tritónidas. Criaturas que se representan con el busto de mujer y la parte inferior de pez. Los autores modernos las describieron de esta forma, y también fueron asiduamente retratadas en imágenes, de manera que esta apariencia desplazó a la tradición griega y se erigió como la visión popular más dominante.

Dicho esto, ahora pasaré a resumir y comentar algunas de las leyendas más famosas, las cuáles oscilan entre simples cuentos o fábulas y hechos históricos protagonizados por personajes de la talla de Cristóbal Colón.

Las leyendas desde el medievo, son constantes, en Irlanda las llamaban masgugue y se las describía como hembras de cabello escaso, manos anchas, brazos cortos y pechos voluminosos, que atrapaban peces con las manos y se los comían crudos. Otros nombres son mermaid (típico de Inglaterra) y merminnes (Países Bajos). En el Cantábrico, se las conocía como Sirenucas.
En la Odisea se recoge la siguiente advertencia de Circe:
«Aquel que imprudentemente se acerca a ellas y oye su voz, ya no vuelve a ver a su esposa, ni a sus hijos pequeñuelos rodeándole llenos de júbilo, cuando torna a sus hogares, sino que le hechizan las sirenas con el sonoro canto, sentadas en una pradera y teniendo alrededor [un] enorme montón de huesos de hombres putrefactos cuya piel se va consumiendo. Pasa de largo pero tapa las orejas de tus compañeros con cera blanda, previamente adelgazada, a fin de que ninguno las oiga, mas si tú desearas oírlas, haz que te aten a la velera embarcación de pies y manos, derecho y arrimado a la parte inferior del mástil, y que las sogas te liguen al mismo; y así podrás deleitarte escuchando a las sirenas. Y [en] caso de que supliques o mandes a los compañeros que te suelten, átente con más lazos todavía.» (Homero 1956: 269-270).
Otra leyenda bastante famosa de centroeuropa es la de la Sirena de Tunê (que aparece en el libro 77 leyendas de Praga). En ella se cuenta que antes de la fundación de la Ciudad Nueva, en la calle V Túnich y otra cercana, se formaban embalses. Y en uno de ellos, vivía una sirena que cantaba todas las noches de forma melancólica. Un joven se enamoró perdidamente de ella, y para romper la maldición que la había transformado, le pidió ayuda a su madre. Si ella aceptaba a la joven como nuera, ella recuperaría su forma humana. Como podréis imaginar, esto no ocurrió, y la sirena regresó al embalse. Su enamorado, desesperado,  acabó suicidándose.

Cristóbal Colón, dijo haber visto sirenas en Monte Christi o la región de las Antillas, pero aseguraba con cierta decepción, que no se parecían en nada a las leyendas que había escuchado:
Miércoles, 9 de enero de 1493: «El día pasado, cuando el Almirante iba al río del Oro, dijo que vido tres sirenas que salieron bien alto de la mar, pero no eran tan hermosas como las pintan, que en alguna manera tenían forma de hombre en la cara. Dijo también que otras veces vido algunas en Guinea, en la costa de Manegueta». (Durand 1983: 27) 
Se piensa que en realidad lo que vio fueron manatíes, típicos en las regiones mencionadas y animal desconocido para muchos navegantes. Esto, añadido a la probada costumbre de contar faroles por parte del Almirante, parece apuntar a un intento de atraer aún más atención sobre su viaje, de manera similar a lo que hizo Marco Polo con sus famosos unicornios (no en vano a este último lo llamaron «señor Millón», debido a su costumbre de exagerarlo todo).

Otros avistamientos (y por increíble que parezca, capturas) tuvieron lugar a partir del siglo XIII. Se produjeron al norte de Rusia, en Terranova, en Borneo, Holanda (donde la presunta sirena convivió hasta diecisiete años con los locales y aprendió algunas costumbres humanas) y en 1969, en los textos de Jean Merrien habla del abuso por parte de los marineros del barco a una sirena (primero se divirtieron lanzándole naranjas para atraerla, aunque ella no se dejó atrapar) cuando uno de ellos se tiró al agua, al capitán le pareció que ya se habían divertido bastante y disparó a la sirena en la cara.
También se produjeron avistamientos de machos—tritones—que resultaron ser bastante más agresivos, razón por la que sus captores acabaron devolviéndolos al agua. De algunos de ellos se dice que incluso podían comunicarse perfectamente en el idioma de quienes lo habían secuestrado, asegurándoles que de no soltarlos se las arreglarían para hundir el navío.

Las leyendas cántabras no son menos interesantes (tenía que hablar de la tierruca, como no podía ser de otra forma). La historia de la sirenuca de Castro y la del hombre-pez de Liérganes, son bastante similares. La sirenuca era una joven que se pasaba el día marisqueando. Solía cantar al compás de las olas, con la consiguiente preocupación de su madre, que en un determinado momento, cansada de que aquello ocurriera a diario, dijo: ¡Así permita el Dios del Cielo que te vuelvas pez!
Entonces a la joven le creció una larga cola de pescado, de forma que no le quedó otra que quedarse en el mar. Desde ese momento, en los días de niebla canta para avisar a los marineros que se están acercando demasiado a las rocas y así evitar su muerte.

En cuanto al hombre-pez, se le pueden dar nombre y apellidos. Francisco de la Vega Casar, un joven carpintero del siglo XVII que un día, desapareció arrastrado por la corriente. No fue hasta cinco años después, que en las costas de Cádiz (la otra punta de España) unos pescadores afirmaron haber visto un ser acuático con forma humana. Lograron atraparlo y constataron que efectivamente, era un hombre con escamas y rasgos de pez. La única palabra que dijo fue: Liérganes. Un miembro de la inquisición, Domingo de la Cantolla, también era de allí por lo que confirmó que ese lugar existía. El sacerdote Juan Rosendo acompañó a Francisco hasta el lugar y éste caminó hasta la casa de su madre. Se quedó allí un tiempo, pero la apatía lo consumía día tras día. Iba desnudo y no mostraba interés por nada. Incluso dejó de comer. Así pasaron nueve años hasta que el hombre-pez regresó a su verdadero hogar: el mar.
Nadie supo nada más de él.

Para finalizar, me gustaría comentar un pequeño apunte sobre la diferencia de comportamiento de las sirenas de Cantabria con las demás leyendas. Otra leyenda popular afirma que los pescadores a veces se acercaban a zonas donde un grupo de sirenas cantaban para atraer a los machos. Divertidos por aquella escena, los marineros a veces les silbaban. Ellas, creyendo que se estaban burlando de su canto, daban vueltas en torno a las barcas para desestabilizarlas, aunque sin intención de dañar a sus ocupantes.
Estos datos resultan interesantes, ya que por primera vez se habla de que estas criaturas no cantan para cazar humanos, sino solo para atraer a los tritones y que, si no se sienten amenazadas, no tienen motivos para atacar a los humanos.
Quizás en el norte se sintieran más cómodas o los pescadores fueran más tolerantes con ellas. En cuanto a otras regiones, no se puede decir lo mismo.
Hoy por hoy, no obstante, la existencia de las sirenas sigue siendo un hecho no comprobado. Solo podemos repetir las palabras de Isaac Newton: lo que sabemos es una gota de agua; lo que ignoramos es el océano.

Y por el bien de estas criaturas, será mejor que sigan poblando nuestras leyendas, y no la lista de animales en peligro de extinción o el interior del acuario de un museo marítimo.

2 comentarios:

  1. Este tema sí que me apasiona. Adoro todo lo relacionado con sirenas, había leído algunas leyendas de las que has puesto, pero no todas. Una entrada súper interesante!!

    ResponderEliminar
  2. Y no te haces una idea de lo que me costó recopilar toda la información. Casi todos los libros interesantes están descatalogados.

    ResponderEliminar