miércoles, 1 de julio de 2015

Licántropos, la pesadilla nocturna.



¿Dónde termina el hombre y dónde comienza la bestia?
The Wolfman (2010)


Todos escondemos una bestia salvaje en nuestro interior. Una faceta oscura de nuestro carácter que, si bien se puede mantener bajo control en la mayoría de los casos, en otros puede llegar a desbordar a la persona, convirtiéndola en un auténtico monstruo. Este cambio, no obstante, no siempre ocurre de la forma esperada.

Hay veces que el animal que habita dentro de nosotros toma el control de tal manera que la persona pierde sus habilidades sociales e incluso su memoria. Su identidad humana.
Esta transformación se ha simbolizado y representado de muchas formas diferentes, pero hay quien cree que esta metamorfosis se produce no solo a nivel psíquico, sino también a nivel físico.
El ejemplo más conocido aparte del vampiro, del que ya hablé en una entrada anterior, es sin lugar a dudas el del Licántropo; el hombre lobo, el lobizón…la pesadilla nocturna.
Para comprender el alcance de esta idea, debemos remontarnos a miles de años en el pasado. Cuando la gente aún pintaba las paredes de las cuevas; cuando los hombres tenían claro que no eran los depredadores supremos de la cadena alimenticia.
Algunas pinturas rupestres, así como jeroglíficos, representan híbridos de hombre y animal (algo sobre lo que se ha teorizado en muchas ocasiones) pero la idea más extendida es que solo pretenden señalar cualidades espirituales de distintas bestias que son adquiridas por los chamanes durante la realización de determinados rituales. Se pueden encontrar hombres lobo, hombres tigre, hombres cocodrilo etc. la lista es interminable. Y no fueron pocas las culturas que afirmaban descender de un animal que más adelante cobró forma humana.

Pero las historias de humanos que pueden transformarse en animales ha estado presente en culturas y tiempos muy diferentes; dicha habilidad fue denominada Teriantropía. Una transformación que podía darse a distintos niveles de conciencia.
 La pregunta es ¿cuándo recibió esta criatura el nombre de Licántropo? Para averiguarlo debemos retroceder en el tiempo una vez más. Hasta el reino de Arcadia, en la Antigua Grecia. Allí vivía un rey, piadoso para unos, impío para otros, que construyó un templo en honor a Zeus en el monte Liceo. Su nombre era Licaón y no siempre tomó las decisiones más adecuadas. Ya fuera por su propia instigación o por la de sus hijos, se dice que comenzaron a sacrificar en dicho altar a todos los extranjeros que llegaban a sus tierras y a devorar sus entrañas. Vamos, que el turismo para él era más bien una costumbre gastronómica. Y el asunto llegó a tal extremo que el propio Zeus, cansado de tanta masacre (imaginaos el panorama, si hasta un dios consideró necesario intervenir) decidió hacerle una visita haciéndose pasar por un mendigo y así apelar a su hospitalidad.
Pero Licaón, que ya había recibido la visita de dioses en otras ocasiones, no quiso arriesgarse, y decidió dilucidar si se trataba de un mortal o no, con un guiso. Un guiso que obviamente incluía carne humana. Zeus reconoció el sabor y se sintió insultado (no debía ser la primera vez que probaba carne humana tampoco, a juzgar por lo rápido que la identificó) y decidió transformar a Licaón y a toda su estirpe en lobos.
Sobre este mito, se conocen versiones muy diferentes, pero esta es la que influyó en la denominación de licántropo, para un hombre que se convierte en lobo. La vertiente médica de la licantropía, por otro lado, se puede resumir de la forma que sigue: es una rara afección psiquiátrica, en la que el paciente está convencido  de que puede transformarse en un animal. La enfermedad es más conocida como Teriantropía y el tipo de bestia en la que se transforma el afectado, depende de la educación que haya recibido (el animal es diferente dependiendo de la cultura local). Otras afección relacionada con la licantropía fue la hipertricosis (enfermedad que está asociada a un devastador crecimiento del vello corporal, que llega a cubrir la cara, las manos y casi cualquier región visible del cuerpo).
Una vez explicado el término licántropo y su origen, debemos preguntarnos ¿cuál es el proceso por el cual un ser humano se transforma? Las teorías varían de unas regiones a otras. La más extendida fue la del cronista medieval Gervase de Tilburi, quien asoció dichos cambios a las fases de luna llena. Pero esto no siempre fue así. En los Balcanes, tal y como explican en Criptozoología al límite, una persona podía transformarse si bebía agua del mismo lugar donde un lobo lo había hecho previamente. Ignoro si esta creencia está relacionada con la enfermedad de la rabia o no. En otras zonas de Europa, la causa más común era la mordedura o arañazo de esta criatura. La ingesta de sustancias alucinógenas, igual que en el caso de las brujas, también podía tener efectos similares. Otros en cambio, creían que se trataba de un encantamiento diabólico, en el que el cuerpo del hombre era cubierto con una piel de lobo.
Como se puede observar, hay teorías para todos los gustos.
En regiones como Argentina o Brarsil, la idea del Lobisón, derivada del Lobizón portugués, sigue un poco la línea de Gervase de Tilburi con pequeñas variaciones y en américa del norte, se los ha llegado a equiparar a los Wendigos o al Rougaru.
Ahora bien ¿qué aspecto tiene realmente un hombre lobo? En épocas más antiguas, se creía que la transformación en lobo ocurría de forma perfecta, siendo imposible de diferenciar (también se creía que una persona en ese estado podía regresar a su aspecto humano si era golpeado en la frente con un mazo). Dicho esto no es de extrañar que muchas personas aquejadas de sonambulismo o parasomnia (que además suelen despertarse en lugares extraños y con golpes que se produjeron ellos mismos) hayan sido confundidos con licántropos en épocas más supersticiosas. En otras ocasiones, dicen que al hombre le crece vello por todo el cuerpo, su cara se deforma, su altura se incrementa y le salen garras y dientes afilados. De sus habilidades, no existen muchas dudas. Velocidad, fuerza, olfato hiper desarrollado, invulnerabilidad a nada que no sea la plata y pérdida de memoria durante el proceso. Algunos insisten en que además, sienten una profunda atracción por la carne humana.
Para asesinar a un hombre-lobo, como ya dije antes, se usaban balas de plata principalmente. La decapitación también era efectiva (¿y con quién no lo es?), pero es necesario investigar por qué la plata y no cualquier otra clase de metal. En los tratados de alquimia, la plata estaba relacionada con la Luna. Por otra parte, al tratarse de un metal brillante también está asociado a la luz divina. La luz lucha contra la oscuridad y el licántropo es un animal nocturno. La conclusión lógica es que cualquier cosa diurna lo puede dañar, por tratarse de un ser de la noche.
En cuanto a la presunta rivalidad entre vampiros y hombres lobo, no hay mucho que decir. Se trata de una teoría moderna, que hace referencia a las luchas territoriales entre ambos, o rivalidad a la hora de cazar a sus presas. 
Por último, voy hablar de los casos más conocidos de licantropía hasta la fecha. Uno de ellos fue el de Manuel Blanco Romasanta.
Este gallego originario de la Orense, estaba convencido de que por efecto de una maldición, adquiría la forma de un lobo durante varios días seguidos. Acusado de descuartizar y cometer canibalismo con más de trece personas en el bosque de Allariz, sus fechorías pronto llegaron a oídos de la justicia. Los informes del forense, afirmaban que el ataque había sido perpetrado por un lobo de verdad, pero Romasanta fue enviado a la cárcel, donde murió poco después.

Algo más sorprendente es el caso de Gilles Garnier. El suceso tuvo lugar en la Francia del siglo XVI (en plena época de la caza de brujas, coincidiendo a la vez con las cruentas Guerras de Religión), en cuyo juicio el juez sostuvo reiteradamente la transformación del acusado en un lobo de verdad, o el caso de Peter Stubbe en Inglaterra, que en el mismo siglo también cometió crímenes bajo la excusa o condición de licantropía.
En ambos casos, se produjo el asesinato, descuartizamiento y posterior canibalismo de mujeres y niños. Una masacre en toda regla.
Sin embargo, y ya alejándonos del tema en cuestión, la existencia de los caníbales urbanos, y de asesinos en serie ha sido el pan de cada día durante generaciones.
Los monstruos existen, y no importa su apariencia, ni su origen. La idea del licántropo es una metáfora del triunfo del instinto sobre la razón, de la locura sobre la cordura, de la tentación frente a al autocontrol.

Nunca sabes cuando estás frente a un hombre o frente a una bestia, hasta que ya es demasiado tarde. 

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