jueves, 20 de agosto de 2015

Los Oráculos de la Antigüedad


La que gime bajo la púnica maldición y se ahoga bajo el peso de su oro, antes de sanar, aún más enfermará. Diez años y cincuenta y tres días, y Clau-Clau-Claudio recibirá un regalo que todos codician menos él.
 Yo, Claudio (Robert Graves)
En la Era de las Comunicaciones, a nadie le cuesta conseguir información sobre distintas temáticas, personas, situaciones políticas de otros países, etc.

Que Google es casi mágico, es evidente. Pero en ocasiones queremos conocer datos más específicos. Y se trata de una necesidad que un buscador no puede satisfacer correctamente. Hoy en día, es posible acceder a los servicios adivinatorios de miles de profesionales de las ciencias ocultas sin tener que ayunar, tomar productos determinados o viajar largas distancias para entrevistarse con la profetisa pertinente. Los habitantes de la antigüedad, por el contrario, se quejaban a menudo de que tenían que esperar a que las «superestrellas» de los Oráculos se dignaran recibirlos, pues las pitonisas y las sibilas no atendían a cualquiera. Sus habilidades especiales estaban tan solicitadas que se podían permitir ser selectivas a la hora de escoger a sus clientes. Y todos sabemos lo que eso significa: cuanto más ricos y famosos, mejor.
Esa exclusividad, por supuesto, agradaba a la gente de alta alcurnia, puesto que ser recibidos por una sibila constituía en sí mismo un gran honor.
Pero empecemos por el principio ¿qué es un Oráculo, cuál es su origen y cuál fue su evolución a lo largo del tiempo?
«Oráculo» significa «respuesta» y más concretamente hace referencia a la respuesta de un dios o dioses ante una pregunta. En el mundo antiguo se creía que un dios podía hablar a través de determinadas personas por medio de la posesión de su cuerpo (sí, como las médiums de ahora). Esas personas solían ser mujeres vírgenes, y recibían el nombre de pitias, pitonisas o sibilas (esta última denominación era la habitual en el mundo romano). Su rango era superior al de los adivinos. Estos afirmaban ser capaces de interpretar designios divinos, pero no eran el canal a través del cual el dios podía comunicarse con los demás mortales. Por lo tanto, las pitias poseían una importancia muy superior.

El origen de los oráculos era egipcio, aunque ya existían instituciones similares en Mesopotamia. De allí se propagaron a Etruria, Grecia y Roma. No obstante, fue en la Hélade donde esta institución se popularizó y se convirtió en uno de los ejes principales de la vida pública y política.
A parte de las consultas directas, existían muchos otros métodos para consultar al oráculo, que fueron ampliándose con el paso del tiempo. Ya fuera mediante la interpretación del vuelo de las aves, las fuerzas naturales, el trigo, las vísceras, los números, los dados etc. Aquí entran en juego casi todas las mancias conocidas.

En Roma existían los Arúspices y los Augures, que podían considerarse una mezcla entre adivino y sacerdote. La magia y la religión a veces estaban muy relacionadas y era difícil precisar donde acababa una y donde comenzaba la otra. Con el tiempo esta separación se haría cada vez más clara, dejando a la magia cada vez peores términos.
Los santuarios en los que se llevaban a cabo estas actividades, también fueron llamados Oráculos y, como ya he dicho, se les consultaba para cosas tan importantes como las cuestiones familiares, las guerras, las conquistas, las colonizaciones etc.
En la entrada sobre Herón de Alejandría ya expliqué la gran cantidad de medios desplegados en estos lugares para satisfacer a sus clientes y mantener a sus adeptos. Desde efectos especiales, actores, tecnología punta…y por supuesto, una enorme y bien estructurada red de espionaje internacional. Si un rey o un emperador acudían en busca de la clave para ganar una guerra, el Oráculo debía responder. Y las respuestas, muy duales en general, eran interpretadas por los sacerdotes. Los sacerdotes, a su vez, debían estar constantemente informándose de las novedades que ocurrían fuera de su territorio, ya que de esa forma sus contestaciones serían más acertadas y el prestigio del Oráculo aumentaría.

Los Oráculos más importantes de la antigüedad fueron los siguientes:
En Egipto destacaron el de Meroe, el templo de Júpiter Amón en Tebas, el de Amón-Ra, en el oasis de Siwa y los de Heliópolis y Abidos.
En Grecia, el Oráculo de Delfos (el más famoso), el de Dódona en Epiro, el de Delos, el de Olimpia en Elis, el oráculo de Apolo en Dídima (Asia Menor), el de Claros y el de Trofonio. Otros se situaban en la gruta de Pisa o en Creta. 
En el ámbito hebreo se hablaba del propio Templo de Jerusalén, donde los sacerdotes contactaban con Dios y los ángeles. En Fenicia, eran famosos los templos consagrados al dios Baal (o Baalzebub). También había en África y la India.
Los romanos no poseían muchos oráculos famosos, por lo que se veían obligados a acudir a otros. Aun así, eran célebres los del bosque de Albunea (cerca del actual Tívoli), la Sibila de Cumas y el oráculo de Fauno entre otros.
Las pitonisas o pitias eran profetisas de Apolo. En Roma recibieron el nombre de Sibilas, en honor a la hija de Dárdano, Sibila, de origen de troyano. Otras fueron la de Libia, la de Delfos, la de Samos, la de Eritrea, la del Helesponto, la de Persia, la de Frigia y la de Cimeria. La sibila de Cumas estuvo durante un tiempo en posesión de los libros sibilinos que tanto han dado que hablar y que los emperadores guardaron con tanto celo.

 Estas mujeres se sentaban sobre un trípode después de purificarse mediante distintos rituales y estando allí, inhalaban gases tóxicos que emanaban de la tierra (como el etileno), de forma que entraban en un estado de trance o adoptaban actitudes sobrehumanas. Sus predicciones eran recitadas en Hexámetros, e interpretadas por los sacerdotes. Los santuarios siempre se construían en los lugares donde previamente se registraban emanaciones gaseosas. En esta época nada se dejaba al azar.
Entre algunos de los personajes históricos que se presentaron en dichos santuarios, podemos hablar del emperador Adriano (o Hadriano, como a él le gustaba que escribieran su nombre), el usurpador Giges, Alejandro Magno, el rey Creso, el emperador Claudio, Apolonio de Tiana etc.


Dicho esto ¿qué se puede deducir sobre la capacidad real de estos oráculos para hacer frente a cuestiones complejas? Se sabe que al principio, debido al despliegue de medios del que disponían, ofrecían información valiosa y funcionaban razonablemente bien. No obstante, con el paso de los años y la llegada del cristianismo, las cosas empezaron a cambiar. Los oráculos entraron en declive debido a la falta de recursos (los fieles iban disminuyendo y con ellos, el dinero que aportaban). Con la conversión al cristianismo de los emperadores romanos, la situación fue de mal en peor. Ante la acometida de los críticos cristianos (que a veces se producía por vías violentas), los oráculos enmudecieron lentamente, y los que trataron de mantenerse solo acumularon burlas y desprestigio.
Los miembros de la Iglesia primitiva achacaron a simples daimones las profecías y al uso de plantas alucinógenas las visiones de las sibilas y los adivinos. 
Hasta cierto punto, tenían razón. Aunque algunas personas realmente estuvieran en posesión de capacidades extrasensoriales, es evidente que el 90 % de lo que ocurría en los oráculos era fruto de la sugestión,  los efectos especiales, maquinaria desconocida para la población de a pie, e información privilegiada aportada por espías. Lo que no se puede negar es que su influencia fue enorme durante siglos, y que se realizaron poderosos avances en legislación, ciencia, colonización y diversas cuestiones de importancia internacional. También ayudaron a mucha gente a solucionar problemas personales y aliviaron (o alarmaron) a muchos con sus palabras, desencadenando reacciones necesarias para el desarrollo de la civilización.

 El mundo tal y como lo conocemos jamás habría sido el mismo sin la intervención de los oráculos.
Tal y como dijo Virgilio en la Enedia: Discite iustitiam, moniti, et non temnere divos.  Aprended justicia y a no despreciar a los dioses.


2 comentarios:

  1. Me interesan los oráculos para una historia que tengo pensada. Esta entrada me vendrá de maravilla!

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    1. Pues si necesitas información más específica, puedes preguntarme, seguro que hay cosas que te sirven.

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