domingo, 14 de febrero de 2016

Dioses, Reyes y Semidioses (Primera Parte)

       



«¡Si no me elevas al cielo, haré que caigas al infierno!»
Palabras del emperador Calígula a una estatua de Júpiter.

La ambición, la locura, la política o incluso el miedo a la muerte, han llevado a numerosos reyes y emperadores a equipararse a las divinidades en incontables momentos de nuestra historia. Las razones son muchas, las consecuencias de sus actos aún mayores. A unos, la decisión de ocupar un lugar en el panteón los benefició. A otros, esa determinación los hundió en la miseria. Y aunque en la actualidad parezca una ridiculez, en otras épocas la idea resultaba muy atractiva. No se preguntaban si de verdad podían evolucionar de reyes a dioses, pues en realidad estaban convencidos de que tal transformación era posible. ¿Cómo no iba a serlo, si otros ya lo habían hecho antes?

En la actualidad son conocidos los programas de cambio radical, las historias sobre mutantes, super saiyans, pokémon etc. en la Antigüedad tenían ideas parecidas, con la sutil diferencia de que muchos no sabían (o no querían) diferenciar la fantasía de la realidad. Eso se podía traducir en un auténtico mar de posibilidades. Y hubo quienes supieron aprovechar la situación con mejores o peores resultados.
Pero comencemos por el principio. ¿Quiénes fueron los primeros reyes?
Para saberlo no queda otra que retroceder en el tiempo hasta el período de los reyes antediluvianos, en Sumeria. Ya desde el comienzo la línea entre el mito y la realidad era muy difusa y el tiempo de reinado de todos sus integrantes fue exagerado. Esos períodos varían desde más de 40 mil años de reinado a los 18 mil, y los cronistas hablaban de esta época en los siguientes términos: “Después de que la realeza descendiera del cielo, la realeza estuvo en Eridu”.
Esta dinastía discurrió desde el gobierno de Alulim hasta el último rey antediluviano (que fue identificado más adelante con el Noé de los hebreos) llamado Ziusudra. No me puedo imaginar el calvario de los habitantes de esas ciudades, dado que si ya es difícil soportar a un gobernante durante más de cuatro años, aguantar a los mismos reyes durante generaciones tenía que ser poco menos que una maldición.
Después del diluvio, la dinastía de Kish cogió el testigo y gobernó también durante períodos de tiempo muy largos, aunque menores que los de los reyes antediluvianos. La mayoría de los integrantes de dicha dinastía también tenían más de figura mitológica que de reyes de carne y hueso. Como ejemplo podemos citar a Gilgamesh, uno de sus príncipes más famosos y protagonista de una de las Epopeyas más conocidas de la historia.
Y así fue pasando el gobierno de unas dinastías a otras, de forma que los reinados disminuyeron en años hasta rondar cifras aceptables a  nivel histórico. El control pasó de Kish a Uruk, de Uruk a Ur, de Ur a Lagash, de Lagash de nuevo a Kish, de Kish a Uruk, de Uruk a Ur de nuevo etc.
Quizá los reyes más interesantes hayan sido Lugalzagesi de Umma y Sargón I de Acad.

Del segundo hay datos muy curiosos que lo relacionan con Moisés. Según los textos, era hijo de una gran sacerdotisa, por lo que desconocía la identidad de su padre. Como no estaba bien visto, ella decidió meter al bebé en una cesta y calafatearla con betún. La echó  al río y un hombre, llamado Akka, que era copero del rey lo acogió. Sargón trabajó como jardinero, pero la providencia (o la diosa Istar) ayudó a Sargón, y tras varias batallas destronó a Lugalzagesi y llegó a rey, convirtiéndose en un rey unificador. Su gobierno estuvo marcado por una razonable prosperidad en todos los sentidos. Su hija Enheduanna (una de las pocas mujeres escritoras que se conocen de esta época, fue autora de himnos, y su nieto Naram-Sim, debido a su exitosa campaña de conquistas, decidió proclamarse dios).
Regresando a los primeros reyes y abandonando Sumeria, es imperativo viajar a Egipto. A la región, que no al país, ya que el reino de las Dos Señoras tardó en ser unificado.

Según las leyendas, los primeros gobernantes de Egipto eran dioses, y en una línea parecida a la de los sumerios, ejercieron su dominio durante períodos de tiempo hiperbólicos, que fueron acortándose de padres a hijos. De Ptah, el control pasó a su hijo Ra, y de este a Shu, Geb,  Osiris, Seth y Horus, de forma sucesiva. Los siguió una segunda dinastía con el dios Thot, donde la divinidad se fue diluyendo generación tras generación, hasta llegar a los faraones-semidioses, que fueron alrededor de treinta.
No obstante, el primer faraón humano del que se tiene constancia y a quien se le atribuye la unificación del Alto y el Bajo Egipto es Narmer, también conocido como Menes o el Rey Escorpión. 
Los faraones, a partir de este momento, eran humanos, pero al mismo tiempo eran también descendientes de los dioses y no veían razón alguna para hacer distinciones. Sus esposas tenían la función de transmitir la divinidad a sus vástagos, y el faraón era un dios viviente. Un dios que, sin embargo, ofrecía por lo general un aspecto más bien deforme en muchos casos, que vivía poco tiempo en comparación con sus antecesores y que a veces ni si quiera era capaz de engendrar hijos sanos.
En Babilonia el inicio de la civilización, al menos según el testimonio del historiador Flavio Josefo fue, como poco, «sospechoso». Puesto que descendía de una familia de sacerdotes, también tuvo acceso a información privilegiada. Igual que el cronista caldeo Beroso, que nos proporcionó algunos datos sobre los reyes antediluvianos de Sumeria.
Volviendo al asunto que nos ocupa, según Flavio Josefo, Beroso y Apolodoro, fue de vital importancia para el desarrollo de la humanidad la intervención de los denominados Annedotos o Annedoles. Según las leyendas, eran cuatro seres fabulosos mitad hombre y mitad pez que transmitieron a los antiguos caldeos los conocimientos de la civilización. El más famoso fue sin duda Oanes, cuyo significado en Siriaco es «un extranjero». Estos seres,  provenían de una nave escondida en el mar Eritreo y tenían cabeza y pies humanos. El resto del cuerpo estaba recubierto por lo que los antiguos consideraron un revestimiento similar al de las pieles de pescado. Beroso dice que escondían su cabeza humana debajo de otra cabeza de pez. Y en este sentido y, aunque esto implique pasarse al lado oscuro, los que apoyan la teoría de los Antiguos Astronautas están de enhorabuena, porque los cascos de los astronautas bien podían haber sido interpretados como la cabeza de un pez. Oanes les enseñó a los locales las ciencias, las artes, cómo construir edificios, ciudades y templos, la agricultura, la ganadería, las leyes etc. y pese a que hablaba y pensaba como un ser racional, jamás comía con la población local, sino que se retiraba a su nave para comer. Se piensa que los babilonios habían confundido a Oanes con el dios sumerio Enki (según Michel Gall) a quien se le atribuía la creación de los humanos, y la enseñanza de conocimientos similares.
El agua, además, era considerada un elemento del que nacían todas las cosas, y tanto hombres-pez como hombres-serpiente, hombres-lagarto etc. provenían de él. Ejemplos de dioses con ciertos paralelismos, lo constituían en otras regiones de Oriente, Vishnú en la India, o los reyes-dragones chinos.
Sea como fuere, a este lo siguieron en distintos momentos de la historia otros individuos con habilidades y aspecto análogos, a los que llamaron Eudoco, Eneugame, Eneubulo, Anemonte y Odacón. Dagón, también alcanzó cierta fama. Y todo esto quedaría en un hecho anecdótico de no ser porque aparecen representados en algunos bajorrelieves de Nínive.
En otras ciudades del mundo también encontramos representaciones o referencias a individuos híbridos con actitudes civilizadoras, pero son demasiadas como para mencionarlas todas en una entrada.
Por ejemplo, podemos retroceder  hasta los inicios de la civilización griega. No solo sus leyendas fundacionales son extrañas, sino que además nos hablan de hombres serpiente y hombres hormiga que también iniciaron a la población en los conocimientos arriba mencionados. El pueblo de los Hopi, en América, de los que tanto se ha hablado, también hablan de hombres-hormiga, aunque según estos no provenían del cielo, sino del centro de la Tierra.
Los hombres-serpiente, que también están relacionados con la tierra, nos obligan a hablar de los orígenes de Atenas. Antes de recibir su nombre en honor a la diosa Atenea, fue fundada según el mito, por un hombre-serpiente llamado Cécrope. Este se casó con Aglauro, hija de Acteo y tuvo un varón y tres hijas. Cécrope, decían, tenía una cola de serpiente de cintura para abajo. El mito de las nagas, era corriente en la India, aunque hay historias sobre hombres serpiente en otros lugares del planeta. Sin embargo, no todos estos seres eran tan cultos como Cécrope, de quien se dice que enseñó a los hombres a escribir, a construir edificios y a enterrar a sus muertos. Modificó el culto a Zeus y realizó los primeros censos de población.
La fundación de Tebas y Micenas también tiene a dioses y a semidioses como protagonistas. De una parte, Perseo, hijo de Zeus y Dánae, que fue quien fundó Micenas. Tebas, también llamada Cadmia, fue fundada por Cadmo, que había sido sentenciado por su padre a no regresar si no traía de vuelta a su hermana Europa, que había sido secuestrada también por el dios supremo.
De la fundación de Argos, se pueden inferir relaciones con Egipto y Fenicia, principalmente. En esta historia Belo, hermano de Agénor, permaneció en Egipto donde reinó y se casó con Anquíone, una hija del dios-río Nilo. Engendraron a Dánao y a Egipto, quienes se disputaron la herencia.
Se piensa que este mito es testimonio de la primitiva llegada a Grecia de colonos helenos provenientes de Palestina y su introducción de la agricultura en el Peloponeso. Se sostiene que entre ellos había emigrantes de Libia y Etiopía, lo que parece probable,  ya que Belo era el Baal del Antiguo Testamento y el Bel de los libros apócrifos; al parecer había tomado su nombre de la diosa Luna sumeria Belili.
Aunque aún quedan otras leyendas fundacionales, es hora de pasar al Antiguo Testamento, donde los primeros humanos eran unas fábricas vivientes de años, al estilo de los sumerios. En lo que respecta a Abraham, uno de los primeros patriarcas hebreos, se sabe que tuvo muchos hijos con distintas mujeres, y que fue un hombre longevo. También son conocidos otros casos, como el de Matusalén, Adán, Set etc. y prácticamente todos los descendientes de Noé vivieron muchos años. Aunque ya he mencionado que la historia de Noé está basada en la de Ziusudra, por lo que cabe pensar que el origen de los patriarcas era más antiguo de lo que se presume, y que en realidad Abraham procedía de una ciudad de Sumeria, y que al principio era politeísta.
Abraham, sin embargo, no tuvo descendencia de forma espontánea, sino que fue también obra de Dios, lo que pone en entredicho el origen humano de su prole. Una sospecha que se acrecienta tras lo ocurrido en Sodoma y Gomorra, donde los ángeles solo salvaron a Lot y a sus descendientes, por mediación de Abraham que era su tío y con el pretexto de que era el único hombre justo del lugar. Si se analiza lo sucedido cuando Lot recibió a los ángeles (que curiosamente también tenían forma humana), enseguida salta a la vista que no era un hombre justo, ni mucho menos, ya que ofreció sus dos hijas vírgenes a la muchedumbre para que dispusieran de ellas como quisieran, únicamente para defender a unos desconocidos que además podían cuidarse solos. Parece más un intento de congraciarse con el de arriba, o simple miedo a las represalias de sus invitados, más que un intento de mostrarse justo. Si lo salvaron fue porque tenía «mano» y no por sus virtudes morales. En resumidas cuentas, todo quedaba en familia.

Hay más leyendas sobre las relaciones entre dioses y reyes, pero las más relevantes son las ya mencionadas.  
La pregunta es ¿de verdad esos dioses eran quienes decían ser? ¿Podrían ser todas estas historias simples invenciones? ¿Tenían solo un  significado filosófico? ¿Podrían esos dioses no ser más que alienígenas con apariencia humana? ¿O quizás humanos del futuro? 

2 comentarios:

  1. que belleza de entrada! es realmente magnifica, nos dejas con la boca abierta. a acompartir un poco de historia....

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  2. ¡Vaya!¡Me alegro de que te haya gustado! Intentaré ponerme las pilas para escribir la segunda parte. Espero que te guste tanto como la primera.

    ¡Un abrazo y muchas gracias por leer y compartir! Toda ayuda es bienvenida. :)

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