sábado, 24 de febrero de 2018

El lado oscuro de los Cuentos de Hadas 1ª parte





Este es el fin de la historia. La juventud llama a la juventud; la belleza a la belleza, y el amor llama al amor. Es una regla universal. Y esta regla fue la perdición de la hija de Yaoya.
La triste historia de la hija de Yaoya.
Cuentos de Hadas Japoneses

Los cuentos de hadas son más que cuentos y, lejos de la imagen popular, tampoco son historias exclusivamente diseñadas para entretener a los niños. Tienen un lado oscuro en el sentido de misterioso o poco conocido, que va más allá de lo que muchos podrían imaginar.


Aunque están asociados al folclore, la tradición oral y las moralejas, los cuentos son solo una adaptación decadente y simplificada del compendio de enseñanzas proporcionadas por las religiones y mitos antiguos, pasajes y criaturas de la mitología que sufrieron un cambio de roles y escenarios, una evolución para eludir la desaparición propiciada por la adopción del cristianismo y otras religiones monoteístas.
Algunos de estos cuentos son más modernos y se impregnan de las nuevas problemáticas sociales, valores y creencias, pero rara es la historia en la que no aparecen criaturas mitológicas mucho más antiguas, referencias a las fábulas o una serie de elementos concretos e invariables.

Si los mitos clásicos eran una forma de aproximarse a los deseos y necesidades más profundos de la mente humana, con sus gestas sobre héroes, dioses y criaturas de leyenda; los cuentos populares muestran una moraleja cada vez, algo fácil de recordar y de transmitir de unas generaciones a otras en un tiempo en el que la mayoría de la gente no sabía ni leer ni escribir, pero vivían en un mundo peligroso y repleto de supersticiones.
Todas estas enseñanzas, de una forma o de otra, pretendían proteger a la gente de cosas que, si bien en los cuentos parecen imaginarias, eran solo el reflejo de amenazas reales y con mucho fundamento.

Lo que tienen en común los cuentos y los mitos más famosos.

Me gustaría empezar con un pequeño análisis de las historias más conocidas: La Odisea y la Ilíada, las tragedias griegas y las Mil y Una noches (aunque quedan bastantes en el tintero), y poco a poco mostraré su relación con los cuentos populares de Grimm, Andersen, Hoffman y Perrault, los padres de la cuentería moderna y de las ideas que aún permanecen en la literatura.
Es innegable que muchos de los valores y creencias a los que estos relatos estaban asociados y que antes eran habituales entre la población, ya no encajan en muchas de las sociedades actuales, pero todavía existe un marcado interés por parte de los humanistas, los historiadores o los sociólogos. Su influencia, independientemente de la opinión que suscitan en el presente, fue tan grande que sobrevivió al paso de los siglos.

Las historias de Homero, las tragedias y los mitos clásicos. Los ingredientes del éxito.

La figura del Héroe

Este es el punto en común principal entre la Iliada o la Odisea y en general, casi cualquier historia destinada al gran público. Antes de este momento, las historias sobre reyes míticos con habilidades sobrehumanas ya eran habituales, pero eran consideradas testimonios reales y casi históricos. Homero era un rapsoda, una suerte de bardo antiguo que se encargaba de entretener a los grandes y poderosos de la época. La función principal del héroe en la mitología griega era ensalzar el papel de la clase aristocrática dominante, los terratenientes y los hoplitas. Estos son siempre los mejores, los llamados καλὸς κἀγαθός (que significa los bellos y los buenos). 
El ideal de perfección. A veces sus árboles genealógicos podían enlazar con las divinidades del panteón griego. Estas historias dejaban siempre en segundo plano a la población sin orígenes nobles, o si los mencionaban, casi siempre eran descritos como feos, tontos y sus comentarios e intervenciones provocaban la risa. 

El papel de la mujer era más o menos secundario (aunque siempre desencadenaban problemas) y se podían dividir también en tres grupos: diosas, mujeres ricas y libres y, por último, mujeres pobres y esclavas. A las diosas se les permitía casi todo debido a su condición divina (solían ser caprichosas, poderosas, impulsivas, crueles y hacían más o menos lo que les venía en gana). Las segundas debían mostrarse más comedidas y dar ejemplo, pues eran iconos reales y visibles en la sociedad y tenían la obligación de mantener su reputación y la de sus maridos. Eran quienes organizaban todo lo relacionado con el hogar, los hijos, la administración de la hacienda y eran la manifestación de la serenidad, la belleza, la paciencia y la fidelidad. Cuando perdían alguna de estas virtudes eran siempre las causantes de muertes, desgracias y problemas. Ejemplos habituales son Helena de Troya o Casandra, y el prototipo de mujer perfecta era sin duda Penélope, la esposa de Ulises. Las esclavas, las extranjeras y las mujeres pobres, si aparecen son más bien un botín de guerra, ejemplo de barbarie (pues los griegos se consideraban superiores a otros pueblos) y eran sospechosas de actitudes viles (las más ancianas, además, eran consideradas una especie de brujas, sin llegar a compararse con las grandes magas que descendían de dioses, como Medea o Circe, sino algo mucho más anecdótico que sería recogido por los cuentos populares).

Estas ideas, la del héroe y su amada, ambos perfectos, cada uno en la posición socialmente aceptada que les correspondía, la de dioses y hechiceros malignos o benéficos que apoyan o tratan de destruir al héroe y tentar a su esposa o amada, y la del «gracioso y torpe» de la historia, son invenciones de la época antigua.
Estos testimonios escritos encerraban en su interior tantísimas cosas que ha sido imposible superarlos.

 La religión, la moral, las enseñanzas de distintas clases, ejemplos a seguir que suscitaban el interés juvenil, las aventuras, las batallas, los deseos inalcanzables y las más oscuras facetas de los humanos se mezclaban en un relato adictivo, que además iba acompañado de un lenguaje hermoso, música y comida. Y como no podía ser de otra forma, marcaron tendencia. O directamente, la inventaron. 


No hay ningún escritor tan original que no haya caído al menos ante alguna de estas ideas. Y si existe, por descontado que su vida literaria será muy corta. Los creadores de cuentos populares sabían cuáles eran los ingredientes del éxito y prosiguieron con la tradición casi sin darse cuenta, adaptándolo a los nuevos marcos sociales de forma progresiva pero equivalente. 
Los héroes de la historia siguieron siendo también pertenecientes a las clases más acaudaladas, al menos, hasta que las historias alcanzaron al gran público y comenzaron a aparecer nuevos héroes de origen humilde que siempre acababan obteniendo riquezas y prestigio, como símbolo de la movilidad social que todos deseaban y que muy pocos conseguían. Cualquier historia que se preciase debía adaptarse a las expectativas de su público y estos debían poder identificarse con los personajes que en ellas aparecían.

La aventura o la evolución del héroe

Es la parte más entretenida del relato y la que de verdad importa. En ella aparecen siempre elementos que atraen la atención de distintas formas y generan expectación: traiciones, viajes repletos de peligros, tierras extrañas, objetos mágicos, enemigos casi imposibles de derrotar, muerte, dolor, alegría, reencuentros, amores pasajeros, amigos inseparables…cualquier cosa que ayude al personaje a transformarse en alguien digno de admiración. Esta es quizás la parte en la que se han introducido más novedades a lo largo de los años; solo varía dependiendo del estilo, el tamaño y función de la historia (pues las enseñanzas, luego moralejas, están siempre ahí). Por lo demás, es otro punto ineludible.

El antagonista


Puede ser cualquiera, mientras sea más poderoso o peligroso que el héroe al inicio de la historia. Puede ser un dios, una hechicera, una Esfinge, (como en las historias clásicas) o un Ogro, un rey, o una madrastra malvada (en los cuentos populares). Pero siempre debe existir la duda de si el héroe podrá vencer a su enemigo. Un gran héroe por fuerza necesita un gran rival, en apariencia imposible de abatir. Eso nos lleva al siguiente punto de la historia, pero no menos importante:

La importancia de los principios y los finales: O felices o trágicos.

A los autores clásicos solían gustarles dos clases de principios y finales, normalmente, opuestos. Un inicio feliz que acaba en tragedia (las tragedias griegas, como la de Edipo Rey, son un ejemplo) o un inicio trágico que termina con un final feliz (la Odisea, la historia de Dánae etc.) O un tercero, aunque este es quizás menos habitual, inicio trágico y final trágico (Antígona). Pero por lo general, a la mayoría de la gente le gustan los finales felices (sobre todo a los más pequeños), aunque los adultos también son muy aficionados a esta clase de finales (como ocurre en la mayoría de novelas románticas en las que un final feliz es obligatorio en la mayoría de los casos).
Un ejemplo interesante para analizar estas cuestiones lo constituye un cuento popular de los Hermanos Grimm llamado «Los tres pelos de oro del Diablo». Es menos conocido, pero no tiene desperdicio.

En él se cuenta la historia de una mujer pobre que dio a luz a un niño. Desde el momento de su nacimiento fue profetizado que el bebé tendría una suerte inmensa y que todo le saldría bien, hasta el punto de que a los catorce años se casaría con la hija del rey.
Poco tiempo después el mismo rey pasó por aquel pueblo y preguntó por las novedades. Preocupado por lo que se decía del niño, pues no deseaba semejante pretendiente para su hija, decidió sobornar a los padres del mismo para que se lo entregaran, diciéndoles que sería tratado con cariño y no le faltaría de nada. Sin embargo, en cuanto el rey tuvo al pequeño en su poder, lo metió en una caja y lo tiró al río. Pero la caja en vez de hundirse flotó río abajo, y fue recogida por un aprendiz de molinero. Este lo llevó ante el molinero y su mujer, que no tenían descendencia y adoptaron al bebé. Lo criaron durante catorce años, y un día de tormenta, el rey se refugió en el molino. Preguntó por el chico y cuando los molineros le contaron la verdad, supo que se trataba del mismo niño al que había intentado matar. Preocupado, decidió intentarlo de nuevo. Escribió una carta y le dijo al chico que se la entregara a la reina, a cambio de unas monedas de oro. En dicha carta le pedía a su esposa que asesinara al mensajero.

El joven desconocía los planes del rey, pero cuando caminaba por el bosque la tormenta arreciaba de tal manera y estaba tan cansado, que se refugió en la cabaña de una anciana. La mujer le dijo que aquella era una morada de ladrones, pero él insistió en quedarse. Cuando los ladrones llegaron y vieron lo que ponía en la carta, se compadecieron del muchacho, y mientras dormía le cambiaron el mensaje por otro que decía que el joven debía casarse con la princesa nada más llegar al palacio. La reina, cuando recibió el mensaje, obedeció, y para cuando el Rey regresó, su hija estaba felizmente casada con joven.

Viendo que la situación se le iba de las manos, el rey envió a su nuevo yerno en una misión suicida con el pretexto de probar que era digno de su hija. Le pidió que le trajera tres pelos de oro de la cabeza del Diablo. Este aceptó, y por el camino se cruzó con la gente de dos pueblos y un barquero que lo condujo a las puertas del Infierno. Cada uno de ellos tenía un problema que nadie sabía resolver. Él dijo que les ayudaría, y cuando llegó al infierno se topó con el ama de llaves, que al conocer la historia del muchacho también se apiadó de él y lo transformó en hormiga. Cuando llegó el Diablo, el ama de llaves lo engañó para poder quitarle los tres pelos y obtener la respuesta a los problemas de los dos pueblos y el barquero, de manera que el joven regresó victorioso al palacio, con cuatro burros cargados de oro y una trampa para el rey, que, engañado por el mozo y presa de la ambición, acabó sustituyendo al barquero de por vida.

En esta historia se aprecian infinidad de influencias clásicas y bíblicas, así como hechos habituales en la sociedad de la época. En primer lugar, una profecía que afecta a un bebé y a un rey, algo habitual en las leyendas clásicas. El rey como antagonista de la historia, es un hombre poderoso, en contraposición a un héroe de origen humilde y de apariencia inofensiva. El rey intenta escapar a su destino y va directo a hacia él (siempre sucedía lo mismo en los mitos clásicos, la voluntad divina o el destino no podían cambiarse). Al mismo tiempo también se realiza una comparación con la historia bíblica de la matanza de los bebés hebreos y la historia de Moisés (a quien rescataron en las mismas circunstancias) historia que procede, a su vez, de una antigua leyenda sobre el rey Sargón de Akkad. 


Al mismo tiempo se evidencia una práctica habitual en la época, en la que a veces, los nobles compraban bebés a la gente pobre cuando carecían de descendencia masculina, pues solo los varones podían heredar los bienes. También aparece la típica anciana del bosque, que a veces es una bruja y otras una mujer amable. Las mujeres mayores a veces eran apartadas de la sociedad debido a su situación de pobreza y se convertían en marginadas sociales, razón por la que vive en el bosque y no dentro de las murallas del reino. La presencia de los ladrones también es algo típico de la época. Los salteadores de caminos eran habituales y peligrosos, por ello los bosques tenían tan mala fama.
También se produce una alteración total de la realidad (o licencia literaria), pues era poco probable que los ladrones supieran leer o escribir y, en cualquier caso, no tenían forma de reproducir el sello real, con lo que jamás habrían sido capaces de engañar a la reina; pero el héroe debe cumplir con su destino.

Cuando el joven acepta la misión, podemos ver una clara relación con las historias de héroes clásicos, como la de Perseo, que accedió a traer la cabeza de Medusa para evitar que su madre se casara con un rey abusivo. Se cambia la referencia clásica por la cristiana, hablando del Diablo en lugar de una criatura mágica o un dios.
La figura del barquero es otra referencia a Caronte, que conducía a los viajeros a la otra orilla del Hades, que en este caso es el Infierno. Y se sustenta en la idea de que un verdadero héroe, como Odiseo o Hércules, debía ser capaz de entrar y salir del Hades si quería ser reconocido como tal.
Por último, el esperado final feliz, donde el malo es engañado y el joven humilde se convierte en rey consorte y cambia su estrella (algo prácticamente imposible en un régimen feudal), a no ser que desatacaran en el campo de batalla o se convirtieran en artesanos exitosos, compraran tierras y títulos de nobleza.

Las mil y una noches, referencias clásicas y aspectos orientales en la literatura europea.

Pero las referencias clásicas griegas también tuvieron mucha presencia en otras culturas, que a su vez también marcaron tendencia con sus escritos. Los relatos de las Mil y Una Noches están repletos de influencias griegas (casi hasta un punto que roza el plagio), y al mismo tiempo son un compendio bien nutrido de enseñanzas religiosas y filosóficas de lugares muy diferentes.

Estos cuentos fueron traducidos en torno al siglo XVIII y por esa razón ahora son tan conocidos.
Una de las relaciones más claras es la que existe entre Simbad el marino y Ulises. También se inspiraron en historias egipcias, como El cuento del náufrago que parece casi un acta oficial, como dice Michel Gall en El secreto de las mil y una noches. Pero los cuentos orientales que aquí aparecen son esencialmente medievales. Otra fuente de inspiración eran las condiciones de vida de las regiones musulmanas por estos años. En el siglo XI el comercio entre las regiones orientales iba viento en popa. La idea de comprar donde hay para vender donde no hay era la definición por excelencia del comercio. Y funcionaba a las mil maravillas. Las historias de hombres pobres que se hacen ricos partiendo de ganancias insignificantes abundan en las Mil y Una Noches y son un ejemplo de la prosperidad reinante. Allí sí era posible pasar de pobre a rico si tenías habilidad para los negocios. Las relaciones con monarcas cuyas riquezas eran legendarias, e islas repletas de productos codiciados en todo el mundo ponen en evidencia las buenas relaciones existentes con los chinos. Pero también es fácil encontrar los descensos al infierno tan comunes en la literatura antigua. 

En uno de los viajes de Simbad, este llega a una zona que es mencionada también por Estrabón, el Golfo Pérsico, y aún más lejos, había una isla (la de Casel) con un importante peso religioso, pues se decía que allí vivía Deggial —el equivalente al Diablo, o a Loki—rey de los Djins (o genios/demonios árabes). 

Es más, incluso el propio Simbad menciona el descenso al Hades de Ulises, lo que pone de manifiesto la fama de dichas gestas fuera la frontera greco-latina. También la tripulación de Simbad devoró a una de las crías del Ave Rocho (una especie de pájaro de proporciones colosales) y desencadenan la ira de estos padres alados sobre ellos, que destruyen su embarcación. (Véase lo que le ocurrió a Ulises cuando atacó a Polifemo, y la ira que desencadenó en su padre, el dios Poseidón, causante de todos sus problemas a partir de entonces). El Rocho a su vez, recuerda a Garuda, el ave hindú (Simbad también estuvo en la India). Todas estas referencias son fáciles de detectar, pero hay otras más complicadas.

Son aquellas referidas a los ritos de iniciación (tan habituales por otro lado en las historias míticas de Perséfone, o los ritos de Eleusis). Todos estos rituales parecen tener conexiones con la ideología brahmánica de la India, o relaciones con ideas filosóficas complejas que no se podían comprender mediante la simple lectura de los textos, como ocurre con el Monte Kaf, lugar legendario en el que según las leyendas fue encarcelada el hada Morgana. Tal y como sucede con otros montes míticos, también tuvo una interesante preeminencia en el marco de creencias antiguo. También hablan de las regiones del infierno (algo que aparece en el Corán) y que, en relación con el cristianismo, nos recuerda la historia de Dante.
Esta información es solo una ínfima parte de las referencias existentes, pero las voy a obviar para no extenderme demasiado.

En la segunda parte de esta entrada, hablaré de la presencia de criaturas mágicas antiguas en los cuentos de hadas modernos y su función en la historia, así como de los peligros y como fueron codificados en los relatos en la figura de animales, feminismo primigenio, lucha de clases, y su relación con cuentos de culturas más exóticas. Por último, hablaré de como el siglo XXI está cambiando el panorama y cómo la tecnología trabaja al servicio de la imaginación, a veces sin darse cuenta, llevando a la realidad cosas que antes solo formaban parte de los cuentos.

4 comentarios:

  1. hola! queremos saber mas , que haces y en que andas, vuelve a tus magnificas reseñas y tus mitos tan fantásticos! el mundo blogeril necesita tu magia, un abrazobuhos y esperamos volver a saber de ti!!!

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    1. ¡Hola! gracias por comentar :). Pues estoy preparando otra entrada y escribiendo mi próxima novela (a la vez que estudio las oposiciones), así que saco tiempo cuando puedo, pero voy un poco más despacio. Estoy pensando en abrir un canal de youtube para hablar de las entradas, para la gente a la que le da pereza leer el blog, pero todavía no he decidido cómo lo voy a hacer. Voy a necesitar un ventilador para disipar el humo que me está saliendo de la cabeza xd. Un abrazo, ¡espero que todo te vaya genial!

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  2. Holaaaa, qué padre volver a leerte, uff, la verdad que se me hace de lo más fascinante cómo fueron naciendo los mitos, los héroes y heroínas, que son muy pocas, y cómo se repiten ciertos tópicos hacia la actualidad, sin dudas que es muy curioso como algunos tópicos se ven en varias culturas, muchas gracias por el aporte.
    ¡Beesos! :3

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    1. ¡Gracias por pasarte Yomi! Y sí, la verdad es que nadie puede ser realmente original. Puedes variar la forma y el contenido, pero siempre hay limitaciones. Cuando una fórmula funciona, no se suele cambiar. Y si no, que se lo pregunten a las tropecientas películas de Marvel.

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