sábado, 28 de julio de 2018

Plagas y Epidemias inexplicables de la Historia 1ª PARTE





El miedo a las enfermedades o a las plagas es quizás uno de los temores con más fundamento de la historia de la humanidad. De hecho, algunas fueron tan virulentas que estuvieron a punto de erradicar a la especie humana. Pero no todas las plagas y epidemias fueron provocadas por microbios. A lo largo de la historia se han documentado casos raros, inexplicables o descabellados que nada tienen que envidiar a las modas locas de Youtube y a otra serie de prácticas que parecen haber afectado a una buena parte de la población mundial.


Una epidemia es, según la RAE, un mal o daño que se expande de forma intensa e indiscriminada. Una plaga puede incluir también a las epidemias, pero es más bien la «abundancia de algo nocivo», que puede asociarse a la aparición masiva de seres vivos con efectos negativos, calamidades y otra serie de daños a una escala desproporcionada e incontrolable.
Muchos médicos e investigadores han consagrado su vida a la búsqueda de explicaciones y soluciones a esta clase de problemas, pero aún existen verdaderas incógnitas sobre epidemias que en apariencia carecen de toda explicación lógica y también, de cura. Algunas desde cierto punto de vista resultan incluso graciosas…otras, ya no tanto.
Entre esas plagas misteriosas se pueden citar desde invasiones de animales hasta epidemias de baile.
Pero comencemos con las más famosas: Las de la Biblia.

Las plagas bíblicas: Las diez plagas de Egipto y las hemorroides de los filisteos

Aunque la versión religiosa y la científica siguen en pie de guerra, no se puede negar la espectacularidad de estas plagas, y tampoco su capacidad de destrucción.
Ya fuera debido a la ira divina o a las consecuencias de una erupción volcánica, la sucesión de acontecimientos que atormentaron a los habitantes de Egipto fueron las siguientes:

La primera plaga: «Y se cambiarán aquellas aguas que tomarás del río y se harán sangre»
 El agua se transformó en sangre. La consecuencia de esto fue la muerte de los seres vivos que habitaban en el río y una pestilencia sin precedentes que afectó a todo el país.

La segunda plaga: «Y si no lo quisieres dejar ir, he aquí que yo castigaré con ranas»
Y una ingente cantidad de ranas salió del río y otras fuentes de agua, e infestó los hogares egipcios.

La tercera plaga: «Todo el polvo de la tierra se volvió piojos. Y hubo piojos tanto en los hombres como en las bestias.»
Y los piojos se cebaron con todo bicho viviente de Egipto.

La cuarta plaga: «y las casas de los egipcios se llenarán de toda clase de moscas, y asimismo la tierra donde ellos estén»
Pero Dios se sentía generoso y no solo les envió moscas, sino enjambres de insectos con capacidad para provocar verdaderos daños. Entre ellos, tábanos.

La quinta plaga: «y murió todo el ganado de Egipto»
Dios envió una peste sobre vacas, burros, bueyes, ovejas etc.

La sexta plaga: «…producirá sarpullido con úlceras en los hombres y en las bestias»
Y esta enfermedad cutánea causó numerosas muertes, entre ellas la de varios sacerdotes egipcios que no pudieron hacer nada para curarse de aquel mal.

La séptima plaga: «Hubo, pues, granizo, y fuego mezclado con el granizo, tan grande, cual nunca hubo en toda la tierra de Egipto»
Y el granizo destrozó las cosechas, hirió a los animales y a las personas e hizo caer los árboles.

La octava plaga; «mañana yo traeré sobre tu territorio la langosta, de modo que no pueda verse la tierra»
Llegado este punto, hasta los funcionarios del faraón le pidieron que dejase marchar a los Israelitas, pero él siguió en sus trece.

La novena plaga: «haya tinieblas sobre la tierra de Egipto, tanto que cualquiera las palpe»
Después de ocho plagas Dios debía tener la paciencia en estado crítico y se guardó “lo mejor” para el final. Una plaga de oscuridad se cernió sobre Egipto hasta el punto de que la gente podía sentirla de forma física.

La décima plaga: «y morirá todo primogénito en tierra de Egipto. Y habrá gran clamor cual nunca hubo, ni jamás habrá»
La última plaga, con la que Dios aseguró que el Faraón echaría a los Israelitas de Egipto acabó con la vida de todos los primogénitos tanto hombres como bestias y, aunque el Faraón cedió, su ira lo empujó a perseguir a los hebreos y su ejército fue sepultado por las aguas.

La explicación científica: La erupción volcánica de la isla de Santorini podría explicar prácticamente punto por punto la sucesión de catástrofes. En cuanto a la última plaga, se cree que fue una fuga de dióxido de carbono que afectó a los primogénitos egipcios porque estos dormían en el piso de abajo. También se piensa que pudieron ser víctimas del cornezuelo (los primeros en comer eran también los primogénitos, y era en las capas superiores donde se alojaba el hongo). De una manera o de otra, se sabe que las plagas no tuvieron nada que ver con la marcha de los hebreos a Canaán, porque fueron dos hechos separados en el tiempo.

Las hemorroides de los filisteos
Esta más que una epidemia, fue una venganza divina por el robo del Arca de la Alianza. Pero tampoco tenía desperdicio. De hecho, vino acompañada también de plagas de roedores, que, al comerse la fibra, provocaron de forma indirecta el estreñimiento de los filisteos, a quienes aquel cambio de dieta les debió de sentar «como el culo».

Plagas no bíblicas: Invasiones de animales

Aunque parezcan sacadas de un libro sagrado, las siguientes plagas no tuvieron un origen religioso. Más bien fueron la consecuencia de la intervención humana en el territorio, y su mala costumbre de introducir especies nuevas.

La invasión de los camellos
Australia es el país con más camellos salvajes del mundo. Y no solo son salvajes. También son vandálicos. Tiran abajo las cercas, rompen maquinaria y arrasan con la vegetación, lo que provoca una gran pérdida de otras especies autóctonas. El problema ha llegado hasta tal punto que se ha tenido que proceder a su exterminio por razones de seguridad.

Creo que he visto un maldito conejo…¿o eran cientos?
Un grupo de colonos que se estableció en la isla de Madeira, trajo varios animales foráneos. Entre ellos, una pareja de conejos que se tomaron muy en serio aquello de «creced y multiplicaos». El problema llegó hasta tal punto que los colonos le prendieron fuego a la selva…y el fuego se extendió también más de lo esperado, de manera que tuvieron que tirarse al mar y a los ríos para conservar la vida.

París, la ciudad del amor…y de los mosquitos
Una mañana de 1934 se extendió por la ciudad de París una nube de mosquitos. Dicha nube, al principio motivo de broma, dejó de resultar graciosa a mediodía, y para cuando llegó la tarde, a los pobres parisinos nos les quedó más remedio que alzarse en armas y protagonizar una cruzada sin precedentes contra la invasión de aquellos demoniacos chupasangre. Los mosquitos dejaron de importunarlos al caer la noche, pero nadie pudo encontrar una explicación a aquella repentina plaga de insectos.

Las ratas no son lo peor
A finales del siglo XIX, en Jamaica, una plaga de ratas asolaba los campos. Hartos de la situación, los jamaicanos resolvieron introducir mangostas en sus cultivos, para ver si así solucionaban el problema.
File:Mangosta rayada - Bioparc Valencia (2786998771).jpgLa eficacia de las mangostas fue brutal, y parece que después de acabar con las ratas, todavía tenían ganas de marcha. De manera que esos monstruos desalmados procedieron a una limpieza étnica digna de los Nazis. Arrasaron también con gatos, perros, gallinas, cochinillos y hasta con dulces e inocentes corderitos. Después la emprendieron con los pájaros, serpientes, lagartos…la desaparición de tantos animales provocó el aumento de los insectos, que terminaron con lo poco que quedaba de los cultivos jamaicanos. Finalmente, las mangostas, por falta de alimento, disminuyeron y las ratas regresaron. Sobra decir que desde entonces los jamaicanos aceptaron la presencia de sus colegas ratoniles con estoicismo, ya que había cosas mucho peores.

¡La marabunta! Ah, no…que solo son millones de ardillas.
En 1889, en Renovo, Pensilvania una horda de ardillas se apoderó de las calles, los árboles y todos los espacios públicos. Los ciudadanos se armaron con palos, piedras y escobas...y la emprendieron a golpes con sus nuevas inquilinas. No importaba la cantidad de ardillas que cayeran en combate…siempre había más. Después de cenar ardilla durante los primeros días, la matanza continuó durante otros cuatro. La columna de ardillas de Renovo ocupaba alrededor de 50 kilómetros. Las ardillas continuaron su orgullosa marcha hasta Tennessee (cruzando el río). En total, el ejército invasor de ardillas había recorrido unos increíbles mil seiscientos kilómetros. La pregunta es ¿de dónde salió tanta ardilla y a qué se debió semejante Éxodo? Por desgracia, nadie lo sabe.  


4 comentarios:

  1. hola! pero que entrada mas lograda, nosotras somos dos y parecemos plaga porque volamos a todos lados y ahora te llevamos!! gracias y felicitaciones por el trabajo, saludosbuhos

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  2. Hola! Me alegro de verte por aquí. O de veros. No sabía que erais dos. La verdad es que lo pasé genial escribiendo esta entrada. Estoy preparando la segunda parte (porque todavía me quedan algunas epidemias rrrraras rrrraras en el tintero que se merecen una mención aparte). Y a ver si puedo pasarme también por otros blogs, que últimamente no me da tiempo a naaada. ¡Un abrazo! Nos leemos.

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  3. Holaa, muchas gracias por tan interesantes datos, mira que uno no se pone a pensar en los animalillos y cómo algunos mantienen el balance, el precario balance, que si acaso se mueven un poco pues todo lo demás cae, como el de las ratas y las mangostas, aunque no me gusten nada las ratas :P En fin, que también viví una invasión de conejos, pero eran lindísimo :D
    ¡Beesos! :3

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    1. Broceliande16 de agosto de 2018, 14:51
      Y casi siempre es el ser humano el que la lía introduciendo especies que no debe.Nuestro problema es que siempre creemos que podemos hacer las cosas mejor que la madre naturaleza y claro, luego llega la venganza...¡gracias por pasarte! ¡Un abrazote!

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