sábado, 28 de septiembre de 2019

ESPECIAL: Objetos mágicos, reliquias sagradas, artículos hechizados y embrujados. Parte 1


Resultado de imagen de perseo y la gorgona



Tan solo dime una cosa, ¿Quién es en este reino la más hermosa?

Reina Grimhilde a su espejo mágico (Blancanieves)


Los humanos, quizás por una sensación de vulnerabilidad innata, siempre han tenido por costumbre atribuir capacidades mágicas y milagrosas a ciertos objetos,  a personas, o a ciertas prácticas. La necesidad de control, de protección, o el deseo de aumentar nuestro poder e influencia social, son cosas que siempre hemos tenido en común con nuestros antepasados. En la actualidad esta idea sigue presente tanto en la ficción como en la vida cotidiana, y no solo afecta a aquellos que creen en la magia, o se consideran personas religiosas. Los que no creen en Dios, o en los milagros, creen en el poder del dinero, o idolatran a personas de carne y hueso a quienes consideran poco menos que dioses vivos. Otros sacralizan el estudio de la Ciencia, obviando los errores humanos, y creen que pueden superar todas las barreras naturales gracias al estudio, y que no hay nada fuera de su alcance. 

lunes, 2 de septiembre de 2019

El Conde de Saint Germain



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Retrato del Conde de Saint Germain
(Seguramente, era más agraciado al natural)

El mundo tiene jefes secretos.

V.E. Michelet, historiador (s.XVIII)


A lo largo de la historia hemos oído hablar de personajes misteriosos y fascinantes, más propios de relatos legendarios que de crónicas históricas. Algunos ejemplos los constituyen Merlín, Nostradamus, o Apolonio de Tiana. Las partes más inverosímiles de sus vidas se explican como producto de la imaginación de sus contemporáneos, o incluso como exageraciones propias de la época supersticiosa en la que vivían. Por lo tanto, las crónicas posteriores a épocas medievales gozan de más valor histórico, y se cree que son mucho más fiables, salvo algunas excepciones. Sin embargo, existió un hombre, no hace mucho, que superó todas las expectativas de la gente de su tiempo. Su nombre era solo un apodo escogido por él mismo: El Conde de Saint Germain. Y, aunque se dice que tuvo muchos otros, y muchas identidades diferentes a lo largo de su vida, está claro que su presencia en diferentes cortes europeas dio mucho que hablar a aquellos que tuvieron el privilegio de tratar con él.